La cumbre anual de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina quedó este lunes marcada por un tema que el Gobierno intentó esquivar, pero que terminó imponiéndose en cada conversación: la situación del jefe de Gabinete, Manuel Adorni.
El evento, realizado en el Centro de Convenciones de la Ciudad de Buenos Aires, tenía como eje central el rumbo económico y las reformas impulsadas por la gestión libertaria. Sin embargo, tanto en los paneles como en los pasillos, el nombre del funcionario volvió una y otra vez.
Dirigentes del oficialismo como Patricia Bullrich y Diego Santilli debieron enfrentar consultas públicas y privadas sobre el escándalo que rodea al ex vocero presidencial. La incomodidad fue evidente: respuestas cortas, gestos de fastidio y una línea repetida —“el Gobierno ya fijó su postura”— marcaron el tono.
Adorni atraviesa investigaciones judiciales vinculadas a su evolución patrimonial y al financiamiento de vuelos privados, en un contexto donde sostiene su continuidad en el cargo con el respaldo del presidente Javier Milei y de su hermana, Karina Milei.
Pero el malestar no se limitó al plano político. Empresarios y referentes que participaron del encuentro coincidieron en que el episodio impacta en la capacidad de diálogo del Gobierno. Incluso sectores cercanos al oficialismo deslizaron críticas al manejo de la crisis y advirtieron sobre un desgaste acelerado del capital político.
En ese clima, varios legisladores anticiparon que una eventual presentación de Adorni en el Congreso para brindar su informe de gestión podría convertirse en un escenario hostil. “Va a ser una carnicería”, resumieron en off.
Consultados sobre el futuro del jefe de Gabinete, algunos dirigentes fueron tajantes: “Debe renunciar”.
Sobre el cierre de la jornada, Adorni hizo una breve aparición junto al presidente Milei, el ministro de Salud Mario Lugones y el canciller Pablo Quirno. Aunque intentó mostrarse distendido, su ingreso fue modificado a último momento por cuestiones de seguridad: evitó el acceso principal y se dirigió directamente a un sector lateral, fuera del alcance de la prensa.
Así, lo que debía ser una vidriera para consolidar el relato económico oficial terminó atravesado por una crisis política que, lejos de disiparse, suma presión sobre el corazón del Gobierno.
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