Las negociaciones entre Estados Unidos e Irán en Islamabad terminaron sin acuerdo y con la salida del vicepresidente estadounidense JD Vance, tras más de 20 horas de intensas conversaciones.
El encuentro, que se desarrolló en la capital de Pakistán, buscaba avanzar en un entendimiento sobre el programa nuclear iraní, pero las posiciones se mantuvieron firmes de ambos lados.
Antes de dejar el país, Vance confirmó que no hubo consenso y aseguró que Washington dejó sobre la mesa una última propuesta.
“La pelota está ahora del lado de Teherán”, afirmó, al insistir en que Estados Unidos exige garantías firmes de que Irán no avanzará en el desarrollo de armas nucleares.
Desde la Casa Blanca, el presidente Donald Trump respaldó la postura y relativizó el fracaso de las conversaciones. “Si hay acuerdo o no, es indistinto. Militarmente, ya hemos ganado”, sostuvo.
Del lado iraní, las autoridades atribuyeron el estancamiento a la rigidez de Washington.
El vocero de la Cancillería, Esmaeil Baqaei, cuestionó las condiciones planteadas por Estados Unidos, calificándolas como “exigencias desmedidas” y contrarias a la soberanía del país.
Según indicó, cualquier avance futuro dependerá de un cambio en la postura estadounidense.
Más allá del resultado, el encuentro tuvo un valor simbólico relevante: fue uno de los pocos contactos directos de alto nivel entre ambos países desde la ruptura de relaciones tras la Revolución Islámica de 1979.
Las conversaciones se dieron en un contexto regional delicado, con tensiones en el Estrecho de Ormuz y su impacto en los mercados energéticos globales.
Expectativa global
Aunque las delegaciones se retiraron sin avances concretos, la comunidad internacional sigue atenta a la propuesta que quedó sobre la mesa.
El interrogante ahora es si este intento fallido será el punto de partida para nuevas negociaciones o el cierre de una oportunidad diplomática clave.
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