Seis de cada diez argentinos recurren al crédito para cubrir necesidades básicas y crece el fenómeno de tomar nuevos préstamos para cancelar deudas anteriores. La mora alcanzó al 17,5% y golpea especialmente a los jóvenes. El diputado Daniel Arroyo propone avanzar con una política similar a la implementada en Brasil para frenar una espiral que ya excede el problema económico.
El endeudamiento dejó de ser para muchas familias argentinas una herramienta destinada a financiar la compra de un auto, realizar mejoras en la vivienda o afrontar un gasto extraordinario. El crédito pasó a utilizarse para comprar alimentos, pagar servicios, afrontar el alquiler o cubrir gastos médicos.
Ese cambio constituye una de las señales más preocupantes de la situación económica y social.
Según un análisis realizado por el diputado nacional Daniel Arroyo, seis de cada diez personas solicitan actualmente algún tipo de crédito para afrontar necesidades esenciales. Pero aparece además un fenómeno todavía más complejo: familias que toman nuevos préstamos para cancelar deudas anteriores.
Es el denominado “recrédito”, una dinámica que puede convertirse en una espiral difícil de abandonar cuando los ingresos resultan insuficientes para afrontar simultáneamente los gastos cotidianos y las cuotas acumuladas.
Una deuda que crece
Los números muestran la dimensión del problema.
De acuerdo con el Mapa de la Deuda citado por Arroyo, elaborado por el Centro de Estudios para la Ciudad y la Fundación Friedrich Ebert, la deuda en mora de las familias llegó al 17,5% en junio.
El monto promedio adeudado por persona registró, además, un incremento real del 60%, mientras que el 35% de las deudas en mora acumula atrasos superiores a un año.
Entre los sectores más afectados aparecen los jóvenes: casi cuatro de cada diez menores de 25 años registrarían atrasos severos en sus pagos.
El problema no termina allí.
Cuando una persona deja de tener acceso al sistema financiero tradicional, comienza a crecer el riesgo de recurrir a circuitos informales: financieras con tasas extremadamente elevadas o prestamistas particulares.
En ese punto, una dificultad económica puede convertirse rápidamente en un problema social mucho más profundo.
Endeudarse para sobrevivir
La cuestión central está en determinar para qué se endeudan los argentinos.
Cuando el crédito financia una inversión o permite adquirir un bien que de otra manera requeriría años de ahorro, forma parte del funcionamiento habitual de una economía.
El escenario cambia cuando una familia necesita pedir dinero prestado para comer o pagar la luz.
Allí, el endeudamiento comienza a funcionar como complemento de ingresos que ya no alcanzan para cubrir los gastos mensuales.
Y cuando llega el vencimiento, el problema puede reproducirse: se solicita otro préstamo para pagar el anterior mientras continúan acumulándose las obligaciones del mes siguiente.
Es precisamente esa rueda la que Arroyo considera necesario interrumpir.
Mirar hacia Brasil
El dirigente peronista plantea observar la experiencia desarrollada por el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva mediante el programa Desenrola Brasil.
El esquema brasileño avanzó sobre la renegociación de deudas y estableció condiciones destinadas a facilitar que personas de menores ingresos pudieran regularizar su situación financiera.
Tomando ese antecedente, Arroyo propone para Argentina una estrategia basada en tres pilares: establecer límites frente a tasas consideradas usurarias, desarrollar un sistema masivo de microcréditos sociales con tasas subsidiadas y garantía pública, y avanzar con programas de educación financiera y asistencia legal.
La finalidad sería permitir que quienes se encuentran atrapados entre múltiples créditos puedan reemplazar esas obligaciones por mecanismos de financiamiento más sostenibles.
Un problema que ya no es solamente económico
La dimensión alcanzada por el endeudamiento abre una discusión que excede las cuentas familiares.
Detrás de una deuda imposible de pagar aparecen estrés, conflictos familiares, dificultades laborales y situaciones de vulnerabilidad que pueden profundizarse cuando el deudor queda fuera del sistema financiero formal.
Por eso, para Arroyo, el sobreendeudamiento dejó de ser una cuestión exclusivamente entre acreedores y deudores para convertirse en un problema que requiere una respuesta del Estado.
El diagnóstico plantea una paradoja de la Argentina actual: mientras durante décadas el acceso al crédito estuvo asociado con la posibilidad de progresar, para una parte creciente de la población endeudarse ya no significa proyectar el futuro, sino simplemente intentar llegar a fin de mes.
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