Ambiente

Rosa Amorim: la lucha por la tierra, los alimentos saludables y un nuevo modelo de producción en Brasil

today2 noviembre, 2026

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La dirigente del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra y diputada brasileña plantea que la reforma agraria debe convertirse en una herramienta para combatir el hambre, reducir el uso de agrotóxicos y proteger los recursos naturales. En un país atravesado por la concentración de la tierra y el poder del agronegocio, propone fortalecer la agricultura familiar y la soberanía alimentaria.

La discusión sobre quién produce los alimentos, cómo se utiliza la tierra y qué consecuencias tiene el modelo agropecuario sobre el ambiente ocupa un lugar central en la agenda de los movimientos campesinos de América Latina.

En Brasil, una de las voces que impulsa ese debate es Rosa Amorim, dirigente del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) e integrante del Partido de los Trabajadores (PT), quien reivindica la reforma agraria como parte de un proyecto más amplio de transformación social, ambiental y productiva.

Oriunda del estado de Pernambuco, Amorim construyó su trayectoria política dentro del movimiento campesino y en organizaciones estudiantiles. Su llegada a la actividad parlamentaria representa una nueva etapa en la estrategia del MST, que durante más de cuatro décadas sostuvo la lucha por el acceso a la tierra y la defensa de las familias rurales.

Para la dirigente, el debate agrario no puede reducirse a la distribución de propiedades. También debe incluir la calidad de los alimentos, la preservación de los suelos, la protección del agua y las condiciones de vida de quienes trabajan en el campo.

Producir alimentos sin comprometer la salud

Uno de los principales cuestionamientos de Amorim apunta al modelo de producción agrícola basado en grandes extensiones de monocultivos y en el uso intensivo de productos químicos.

La dirigente considera que combatir el hambre no significa únicamente garantizar que las personas puedan alimentarse todos los días, sino también discutir la calidad de aquello que consumen.

En ese sentido, propone avanzar hacia sistemas productivos que prioricen la agroecología, reduzcan la dependencia de los agrotóxicos y fortalezcan a pequeños y medianos productores.

Brasil se encuentra entre los grandes mercados mundiales de productos fitosanitarios, una característica que alimenta debates sobre sus efectos ambientales, los riesgos de exposición y la necesidad de mejorar los controles sanitarios.

La discusión también involucra a las políticas públicas. Mientras los sectores vinculados al agronegocio destacan la productividad, las exportaciones y la importancia económica de la agricultura a gran escala, los movimientos campesinos reclaman mayor participación de la agricultura familiar y un modelo de desarrollo que contemple sus impactos sociales y ecológicos.

Para Amorim, ambos aspectos están directamente relacionados: no puede existir una verdadera soberanía alimentaria si las comunidades carecen de acceso a la tierra y de capacidad para decidir qué alimentos producir.

La reforma agraria como proyecto de vida

El MST surgió en Brasil durante la década de 1980 y se convirtió en uno de los movimientos campesinos más importantes de América Latina.

Su principal reivindicación histórica ha sido la redistribución de tierras improductivas, aunque con el paso del tiempo amplió su agenda hacia la educación rural, la salud, la producción agroecológica y la comercialización de alimentos.

Amorim sostiene que la reforma agraria requiere una combinación de movilización social, decisiones gubernamentales y participación política.

Desde su perspectiva, el acceso a la tierra constituye el punto de partida para construir comunidades rurales capaces de producir alimentos, generar trabajo y preservar sus territorios.

La dirigente también reconoce que los avances dependen de decisiones políticas complejas y de las relaciones de fuerza dentro del Congreso brasileño, donde los sectores vinculados al agronegocio mantienen una influencia considerable.

Aunque respalda el proyecto político de Luiz Inácio Lula da Silva, considera que los gobiernos deben ser interpelados permanentemente por las organizaciones sociales para acelerar las transformaciones pendientes.

Del campo a las ciudades: las cocinas solidarias

La experiencia de las cocinas comunitarias constituye otro de los ejes de su trayectoria.

Durante la pandemia de coronavirus, Amorim participó en la organización de redes solidarias destinadas a enfrentar el hambre en barrios populares de Brasil.

Aquellas iniciativas buscaron vincular la producción campesina con las necesidades alimentarias de las comunidades urbanas.

Con el regreso de Lula al gobierno, las cocinas solidarias comenzaron a incorporarse a políticas públicas de seguridad alimentaria.

El objetivo, según explica la dirigente, no consiste solamente en distribuir comida. Estos espacios también permiten desarrollar actividades educativas, acompañamiento comunitario y organización social.

La experiencia demuestra cómo las políticas alimentarias pueden conectar directamente a quienes producen con quienes necesitan acceder a alimentos saludables.

La crisis ambiental también es una disputa por el territorio

Amorim considera que los movimientos campesinos tienen un papel fundamental frente al deterioro ambiental.

La expansión de la frontera agropecuaria, la deforestación, la degradación de los suelos y la contaminación de las fuentes de agua forman parte de los problemas que atraviesan distintos territorios latinoamericanos.

En Brasil, estas tensiones adquieren especial relevancia por la importancia de la Amazonía, el Cerrado y otros ecosistemas sometidos a presiones productivas.

Para el MST, la defensa ambiental está vinculada con la protección de las comunidades indígenas, campesinas y tradicionales que habitan esos territorios.

Desde esa perspectiva, la conservación de los recursos naturales no puede separarse de las condiciones económicas y sociales de sus habitantes.

La dirigente plantea que la crisis climática exige revisar los sistemas de producción y consumo, así como el modo en que se distribuyen los beneficios de la actividad agropecuaria.

Su propuesta coloca a la agricultura campesina y a la agroecología como alternativas para producir alimentos y, al mismo tiempo, disminuir los impactos ambientales.

Un debate que también atraviesa a la Argentina

Las discusiones que impulsa el MST encuentran puntos de contacto con problemas presentes en el sistema agropecuario argentino.

La concentración de tierras, el uso de fitosanitarios, la degradación de los suelos, la disponibilidad de agua y las dificultades que enfrentan los pequeños productores forman parte de una agenda que involucra a organizaciones rurales, universidades, instituciones científicas y organismos públicos.

En provincias como La Pampa, donde la producción agropecuaria constituye una actividad económica fundamental, estos debates adquieren particular importancia.

El manejo sustentable del suelo, la conservación de los recursos hídricos y la adaptación a períodos de sequía son desafíos que requieren investigación, planificación y políticas de largo plazo.

Aunque las realidades productivas de Brasil y Argentina presentan diferencias, ambas comparten la necesidad de encontrar equilibrios entre productividad, desarrollo económico, protección ambiental y acceso a alimentos de calidad.

En ese escenario, las experiencias de agricultura familiar y agroecología ofrecen herramientas para discutir nuevas formas de producción y comercialización.

Más de cuatro décadas de organización campesina

Con más de 40 años de historia, el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra continúa siendo un actor relevante en las discusiones sobre el desarrollo rural brasileño.

Su presencia en el escenario político expresa la intención de trasladar al ámbito institucional demandas históricas relacionadas con la distribución de la tierra, la soberanía alimentaria y los derechos de las comunidades campesinas.

Amorim sostiene que el futuro de la reforma agraria dependerá tanto de la organización territorial como de la capacidad para construir consensos sociales y disputar decisiones políticas.

Para la dirigente, la cuestión agraria constituye mucho más que un problema económico: representa una discusión sobre el modelo de sociedad y la relación de las personas con la naturaleza.

En un contexto de cambio climático, pérdida de biodiversidad y creciente presión sobre los recursos naturales, la producción de alimentos, el acceso a la tierra y la protección del ambiente aparecen como dimensiones inseparables de un mismo desafío.

 

Escrito por Diario Sonar

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