El deterioro de los ingresos del Estado empieza a encender señales de alarma. Con nueve meses consecutivos de caída en la recaudación, crecen las dudas sobre la sostenibilidad del equilibrio fiscal que impulsa el Gobierno nacional.
El economista Martín Rapetti, director de la consultora Equilibra, calificó la tendencia como un “proceso inquietante” que complica el cumplimiento de las metas oficiales, especialmente el objetivo de superávit primario.
Según su análisis, la baja en los ingresos tributarios obliga a profundizar el ajuste del gasto público para compensar la pérdida de recursos. Pero el problema va más allá de lo fiscal: la recaudación también funciona como un termómetro adelantado de la economía real.
En ese sentido, Rapetti advirtió que los datos actuales anticipan una actividad “más bien depresiva o incluso recesiva”, con impacto transversal en distintos sectores productivos.
Menos ingresos, más presión social
El escenario se agrava por el estancamiento económico y la caída de los ingresos reales, factores que —según el economista— tensionan el programa económico y profundizan el deterioro social.
Respecto a los precios, sostuvo que la referencia clave es la inflación subyacente, que excluye componentes volátiles. Para abril, estimó un nivel cercano al 2,4% tanto en la inflación general como en la núcleo, aunque advirtió que se mantendría en niveles “relativamente altos”.
Además, planteó que un intento de desaceleración brusca podría derivar en dos riesgos: atraso cambiario o mayor recesión.
Riesgo país y factor político
Otro foco de preocupación es el comportamiento del riesgo país, atravesado —según Rapetti— por una fuerte incertidumbre política. En ese marco, los inversores tienden a dolarizar sus carteras ante la percepción de cambios abruptos en la política económica.
A esto se suma la limitada capacidad de intervención del Banco Central, debido al bajo nivel de reservas, lo que reduce el margen para contener eventuales tensiones cambiarias.
El dilema del Gobierno
Para el economista, el desafío oficial pasa por redefinir prioridades: en lugar de concentrarse exclusivamente en la baja de la inflación, debería enfocarse en reactivar la actividad y recomponer los ingresos.
En esa línea, también sugirió ampliar la base de sustentación política del Gobierno, como una forma de “blindar” el rumbo económico y reducir la incertidumbre que hoy condiciona las expectativas.
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