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Alergias de primavera: siete consejos para reducir el polen y el polvo en casa y en el trabajo

today31 octubre, 2026

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Estornudos, congestión nasal, picazón de ojos y molestias respiratorias son frecuentes durante esta época del año. Aunque muchos de los alérgenos provienen del exterior, también se acumulan en ambientes cerrados. Una limpieza adecuada puede ayudar a disminuir la exposición y mejorar la calidad del aire.

Con la llegada de la primavera aumentan las temperaturas, florecen las plantas y también aparecen algunas de las molestias más habituales de esta estación: estornudos repetidos, congestión nasal, lagrimeo y picazón en los ojos.

Las alergias estacionales afectan a numerosas personas y suelen estar relacionadas con la presencia de polen y otras partículas en el ambiente. Sin embargo, el problema no se limita a los espacios abiertos: estos elementos también pueden ingresar a las viviendas, oficinas y lugares de trabajo a través de ventanas, ropa, calzado y sistemas de ventilación.

En ciudades como Santa Rosa, donde el viento puede favorecer el desplazamiento de polvo y partículas, prestar atención a la limpieza de los ambientes cerrados resulta especialmente importante.

La buena noticia es que algunos cambios sencillos en las rutinas cotidianas pueden contribuir a reducir la acumulación de alérgenos.

No se trata solamente de limpiar más, sino de limpiar mejor

“En primavera es especialmente importante poner atención no solo a la frecuencia de la limpieza, sino también a cómo se realiza”, explicó Pablo Cardozo, jefe de Seguridad Ocupacional y Medio Ambiente, en recomendaciones difundidas por Aramark Argentina.

El especialista señaló que el polvo, el polen y otras partículas pueden depositarse sobre muebles, textiles y rincones que muchas veces pasan inadvertidos.

Por eso, mantener los espacios limpios requiere combinar una frecuencia adecuada con procedimientos que eviten dispersar nuevamente esas partículas en el aire.

Siete recomendaciones para reducir los alérgenos

1. Utilizar paños húmedos. En lugar de sacudir los muebles con plumeros o trapos secos, conviene utilizar paños ligeramente húmedos que permitan capturar el polvo sin dispersarlo.

2. Limpiar de arriba hacia abajo. Es recomendable comenzar por estantes, repisas y muebles altos, y finalizar con los pisos. De esta manera se evita que las partículas vuelvan a depositarse sobre superficies que ya fueron limpiadas.

3. Prestar atención a cortinas y alfombras. Los textiles pueden retener polvo, polen y otros alérgenos. Incorporar cortinas, alfombras, tapizados y ropa de cama a la rutina de limpieza ayuda a reducir su acumulación.

4. Higienizar las superficies de uso frecuente. Escritorios, mesas, teclados y otros elementos que se utilizan diariamente requieren una limpieza regular, especialmente en oficinas y espacios compartidos.

5. Revisar los rincones menos visibles. Los marcos de las ventanas, rejillas de ventilación, esquinas y sectores detrás de los muebles suelen acumular polvo sin que resulte evidente.

6. Evitar barrer o sacudir en seco. Estas prácticas pueden levantar partículas que permanecen suspendidas en el aire. Siempre que sea posible, conviene utilizar métodos de limpieza húmeda o aspiradoras con filtros adecuados, preferentemente HEPA.

7. Mantener una rutina constante. La limpieza frecuente y organizada suele resultar más útil que realizar grandes jornadas de limpieza de manera esporádica, cuando el polvo ya se acumuló.

Ventilación, ropa y otros hábitos que también ayudan

Además de la limpieza, existen otras medidas que pueden contribuir a disminuir la exposición al polen dentro de los ambientes.

Durante los días de alta concentración de polen o de viento intenso, puede ser conveniente mantener las ventanas cerradas durante los períodos de mayor exposición y ventilar cuando las condiciones exteriores sean más favorables.

También resulta útil cambiarse de ropa después de pasar mucho tiempo al aire libre, evitar acumular prendas utilizadas sobre la cama y mantener limpios los filtros de los equipos de climatización, siguiendo las indicaciones del fabricante.

En el caso de las oficinas, la organización de las tareas de limpieza debe contemplar las áreas de mayor circulación, los puestos compartidos y los sistemas de ventilación.

“Cada espacio tiene dinámicas distintas y por eso la limpieza debe responder a esas características”, señaló Cardozo.

Cuándo consultar a un profesional de la salud

Aunque mejorar la limpieza puede ayudar a disminuir la presencia de alérgenos, estas medidas no reemplazan el diagnóstico ni el tratamiento médico.

Cuando los estornudos, la congestión, la picazón ocular o las molestias respiratorias son persistentes, conviene consultar a un profesional para determinar si se trata de una alergia y evaluar las opciones de tratamiento.

Si aparecen dificultades para respirar, silbidos en el pecho o un empeoramiento importante de los síntomas, es necesario buscar atención médica.

La primavera no tiene por qué convertirse en una temporada de molestias permanentes. Mantener los ambientes limpios, reducir la acumulación de polvo y adoptar hábitos preventivos puede hacer una diferencia en el bienestar cotidiano, tanto en el hogar como en el trabajo.

Escrito por Diario Sonar

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