Los números del INDEC muestran una escena que se repite: mientras el turismo internacional crece, la Argentina sigue perdiendo más viajeros de los que recibe. Detrás de los datos, asoma una radiografía más profunda: la desigualdad económica también se expresa en quién puede viajar… y quién no.
Según la Encuesta de Turismo Internacional (ETI), en marzo el ingreso de visitantes extranjeros creció un 6,3% interanual. Sin embargo, el dato central no está ahí, sino en el resultado final: un saldo negativo de más de 552 mil turistas.
Es decir, entran más visitantes que antes, pero salen muchos más argentinos de los que llegan extranjeros.
Una economía partida en dos
El informe revela que más de 1,5 millones de residentes viajaron al exterior en marzo, en su mayoría hacia países limítrofes como Brasil, Uruguay y Chile.
La pregunta es inevitable: ¿quiénes son esos argentinos que viajan en un contexto de caída de ingresos y ajuste económico?
La respuesta expone una Argentina fragmentada. Por un lado, un sector con capacidad de consumo en dólares, que sostiene el turismo emisivo incluso en contextos adversos. Por otro, una mayoría que queda fuera de esa posibilidad, con ingresos deteriorados y cada vez más lejos del acceso al turismo.
Dólares que se van, consumo que no vuelve
El saldo negativo del turismo no es solo una estadística: implica salida neta de divisas en un país con restricciones estructurales.
Mientras tanto, los turistas que llegan gastan menos. En marzo, el gasto total de los visitantes extranjeros fue de apenas USD 30,5 millones, con un promedio diario de USD 93 por persona.
El contraste es claro: los dólares que ingresan no compensan los que se van.
Buenos Aires, vidriera y concentración
Más del 68% de las pernoctaciones de turistas internacionales se concentraron en la Ciudad de Buenos Aires, lo que confirma otra tendencia estructural: la fuerte centralización del turismo receptivo.
El interior del país, con enorme potencial, sigue sin captar de manera significativa ese flujo.
Una postal que se repite
Los datos del INDEC no sorprenden, pero sí confirman una tendencia:
- crece el turismo receptivo
- pero crece más el emisivo
- y el saldo sigue siendo negativo
En el fondo, la ecuación es otra: la Argentina exporta turistas y recibe visitantes, pero en condiciones desiguales.
Porque mientras algunos pueden viajar al exterior incluso en crisis, otros apenas sostienen el consumo básico.
Y en ese contraste, el turismo deja de ser solo un indicador económico para convertirse en un síntoma social.
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