Un violento temporal golpeó este jueves a Santa Rosa y zonas aledañas, dejando un saldo de importantes daños materiales y escenas de fuerte impacto. Techos volados, chapas colgadas de los cables, autos aplastados y cientos de árboles caídos sobre viviendas y calzadas marcaron el paso de una tormenta tan breve como devastadora.
La lluvia comenzó minutos antes de las 17, pero fueron las ráfagas de viento las que provocaron el mayor desastre. Según datos del Servicio Meteorológico Nacional, a las 16:50 se registró una ráfaga de 91 kilómetros por hora proveniente del oeste y sudoeste, suficiente para arrasar con todo a su paso.
En pocos minutos, las calles se transformaron en ríos. Con ramas cayendo constantemente, no hubo lugar seguro para estacionar: muchos conductores optaron por subir los autos a las veredas y esperar a que el temporal amainara. La violencia del fenómeno dejó a vecinos y vecinas en estado de shock, mientras algunos alcanzaron a asomarse y dimensionar la magnitud de lo ocurrido.
Tras el impacto inicial, llegó la reacción colectiva. Familias enteras, con ayuda de vecinos, salieron a cortar ramas con motosierras, limpiar viviendas anegadas, barrer veredas y liberar calles bloqueadas. Primero fue evaluar los daños propios; después, tender la mano a quienes más lo necesitaban, especialmente a personas mayores.
La ciudad también quedó atravesada por el riesgo: cables caídos y tramos completos de líneas eléctricas recostados sobre el asfalto obligaron a un corte general del servicio. La restitución se realizó de manera progresiva y bajo estricta supervisión para evitar accidentes, en coordinación entre el municipio y el gobierno provincial.
En medio del desastre, la respuesta solidaria fue inmediata. Santa Rosa vivió minutos de extrema tensión, pero también mostró, una vez más, la fuerza del acompañamiento comunitario frente a un fenómeno natural inesperado.

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