La situación de las pequeñas y medianas empresas volvió a encender señales de alarma. Desde Industriales PyMEs Argentinos (IPA) advirtieron que, desde diciembre de 2023, cerraron cerca de 25.000 empresas en todo el país y se perdieron más de 364.000 puestos de trabajo registrados, en un contexto marcado por la caída del consumo, la pérdida de competitividad y el enfriamiento de la actividad económica.
La entidad empresaria sostuvo que el actual esquema económico genera fuertes dificultades para el sector productivo, especialmente para la industria manufacturera y el comercio, actividades que dependen en gran medida del mercado interno.
El presidente de IPA, Daniel Rosato, cuestionó la orientación económica del Gobierno nacional y afirmó que la estabilidad financiera y cambiaria que exhibe la administración de Javier Milei no se traduce en una mejora para las pequeñas y medianas empresas.
«El crecimiento del que habla el Gobierno no llega a la economía real. Mientras algunos sectores vinculados a actividades extractivas muestran buenos resultados, miles de fábricas y comercios continúan enfrentando una situación crítica», señaló.
Según el Informe de Coyuntura Económica elaborado por el Observatorio IPA, el mercado laboral acumula 26 meses consecutivos de deterioro y la industria manufacturera figura entre los sectores más afectados, con una pérdida cercana a los 49.000 empleos formales durante el último año.
El «efecto pinza»
Desde la entidad explicaron que una de las principales dificultades radica en la combinación de costos internos que continúan aumentando y un tipo de cambio que permanece relativamente estable. Este fenómeno, al que denominaron «efecto pinza», reduce la competitividad de las empresas nacionales frente a productos importados y encarece la producción local en términos internacionales.
A esto se suma la debilidad del consumo. El informe señala que las ventas en supermercados registraron una caída del 3,1% durante el primer trimestre del año y destaca que una parte creciente de las compras se realiza mediante tarjetas de crédito y mecanismos de financiamiento, reflejando las dificultades de los hogares para sostener su poder adquisitivo.
Un superávit que genera debate
IPA también cuestionó la composición del superávit comercial alcanzado por el país. Según la entidad, el saldo positivo en la balanza comercial se explica principalmente por el aporte de sectores primarios y extractivos, mientras que las importaciones vinculadas a la inversión productiva, como bienes de capital y piezas para la industria, registraron fuertes retrocesos.
Para los industriales, esta situación podría convertirse en una señal de estancamiento de la actividad económica, ya que una menor importación de maquinaria e insumos suele estar asociada a una reducción de proyectos de inversión y expansión productiva.
Preocupación por el futuro
La entidad sostuvo que, sin una recuperación del consumo y de la actividad industrial, el escenario para las PyMEs seguirá siendo complejo. En ese sentido, reclamó políticas que permitan sostener el empleo, mejorar la competitividad y generar condiciones para la inversión productiva.
Mientras el Gobierno defiende su programa económico como la base para consolidar la estabilidad y reducir la inflación, sectores empresariales vinculados a las PyMEs advierten que la recuperación aún no se refleja en gran parte de la economía real y que la supervivencia de miles de empresas continúa en riesgo.
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