La mora llegó al 13% entre los proveedores financieros y trepó al 33,9% en los no financieros. Un informe de CEPA vincula el crecimiento de las deudas impagas con la caída de los ingresos reales y el fuerte aumento de los servicios esenciales. Siete de cada diez morosos tienen entre 25 y 54 años.
La dificultad de las familias argentinas para cumplir con sus deudas alcanzó uno de los niveles más elevados de las últimas dos décadas. La morosidad llegó en julio al 13% entre los proveedores financieros y al 33,9% entre los no financieros, según un informe elaborado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA).
El estudio, titulado “Morosidad récord: un problema de ingresos”, analiza la evolución del endeudamiento de los hogares y pone el foco sobre el deterioro de los ingresos disponibles como uno de los factores centrales detrás del crecimiento de los incumplimientos.
La magnitud del fenómeno aparece con claridad al observar la serie histórica. Según CEPA, el 13% de morosidad registrado entre las familias en el sector financiero se encuentra en niveles que solo fueron superados durante la crisis de 2001.
La situación es todavía más marcada entre los proveedores no financieros, donde la irregularidad alcanzó el 33,9%, por encima incluso del máximo registrado durante la pandemia, cuando había llegado al 27,1%.
Del 2,5% al 13% en menos de dos años
Uno de los datos más significativos es la velocidad con la que aumentaron los incumplimientos.
En noviembre de 2024, la morosidad de las familias con entidades financieras se encontraba en 2,5%. Para julio de 2026 había escalado al 13%.
Entre los proveedores no financieros el salto fue todavía mayor: pasó del 7,3% al 33,9% durante el mismo período.
Para CEPA, este proceso no puede explicarse únicamente como un problema financiero. El centro de estudios encuentra una relación entre el aumento de los incumplimientos y la evolución de los ingresos reales de los hogares.
Menos ingresos disponibles
El informe señala que el salario real de los trabajadores registrados, tanto públicos como privados, cayó al comienzo de la actual gestión nacional, tuvo una recuperación parcial hasta noviembre de 2024 y posteriormente volvió a retroceder.
Según los cálculos del estudio, desde noviembre de 2024 el salario real acumula una caída del 14,3%, un período que coincide con la aceleración de la morosidad.
A esa situación se suma el comportamiento de los gastos esenciales de los hogares.
Entre enero de 2024 y agosto de 2026, CEPA registra aumentos del 2.071% en el gas, 1.442% en el transporte, 544% en el agua y 393% en la electricidad, variaciones que superaron ampliamente el crecimiento de los salarios durante el período analizado.
El resultado, según el estudio, fue una reducción del dinero disponible una vez afrontados los gastos esenciales y una mayor necesidad de recurrir al crédito para sostener el consumo cotidiano.
Endeudarse para sostener el consumo
El trabajo también analiza conjuntamente los ingresos provenientes de los salarios registrados y las jubilaciones.
CEPA estima que se produjo una pérdida acumulada de 8,3 puntos porcentuales en los ingresos de trabajadores y jubilados durante el período estudiado.
En una primera etapa, el acceso al crédito habría permitido compensar parcialmente esa pérdida de poder adquisitivo. El endeudamiento funcionó así como un amortiguador para sostener gastos y niveles de consumo.
El problema comenzó a aparecer cuando una parte creciente de esas familias dejó de contar con ingresos suficientes para afrontar las cuotas.
En palabras del propio informe, “el endeudamiento atrasó los efectos del ajuste”.
Más de 4,1 millones de morosos entre 25 y 54 años
Otro de los datos destacados aparece al observar la edad de las personas con dificultades para cumplir sus obligaciones.
En julio de 2026 había 4.185.913 personas con deudas irregulares de entre 25 y 54 años, que representan el 70,7% del total de morosos.
Es decir, siete de cada diez personas alcanzadas por el fenómeno se encuentran en las edades de mayor actividad laboral y, en muchos casos, corresponden a quienes sostienen económicamente sus hogares.
Dentro de ese universo, el segmento de 35 a 44 años concentra los mayores montos de deuda en mora.
En ese grupo, el saldo irregular alcanzó los $4,639 billones, equivalentes al 30,6% del total analizado. De ese monto, unos $3,204 billones corresponden a entidades bancarias y $1,435 billones a billeteras virtuales.
Las provincias con menores salarios muestran mayor morosidad
El informe también analiza cómo se distribuye el fenómeno en el país y encuentra una relación entre los niveles salariales y las dificultades para pagar los créditos.
La Rioja presenta el mayor ratio de irregularidad, con 23,1%, mientras sus salarios se encuentran 31,5% por debajo del promedio nacional.
Le siguen Santiago del Estero, con una morosidad del 18,1%, y Misiones, con 16,9%.
En términos generales, el trabajo observa que las provincias con salarios más bajos respecto de la media nacional presentan mayores niveles de incumplimiento.
El límite del crédito
Los datos permiten observar un cambio en la economía cotidiana de los hogares. El crédito, que durante un período permitió compensar parte de la pérdida del poder adquisitivo y sostener determinados niveles de consumo, comienza a encontrar un límite en la capacidad de pago.
El salto resulta particularmente significativo por su velocidad: la morosidad financiera de las familias pasó del 2,5% al 13% entre noviembre de 2024 y julio de 2026, mientras que entre los proveedores no financieros se multiplicó por más de cuatro.
Para CEPA, detrás de esos números existe fundamentalmente “un problema de ingresos”: familias que recurrieron crecientemente al endeudamiento para afrontar sus gastos y que ahora encuentran mayores dificultades para cumplir con esas obligaciones.
Qué foto usaría en la portada
Evitaría billetes o dólares, porque llevarían visualmente la nota hacia inflación, mercado cambiario o ahorro. Acá el protagonista es el endeudamiento cotidiano de una familia.
Comentarios de las entradas (0)