La artista argentina fue distinguida como Personalidad Emérita de la Cultura Nacional y, durante el homenaje, reivindicó al arte como un espacio capaz de trascender las disputas políticas. A los 83 años, repasó su trayectoria, habló de sus próximos proyectos y dejó un mensaje para las nuevas generaciones: crear sin pensar primero en vender ni alcanzar el éxito.
Marta Minujín volvió a ocupar el centro de la escena cultural argentina. La reconocida artista recibió la distinción de Personalidad Emérita de la Cultura Nacional, en una ceremonia que reunió a referentes del mundo artístico y repasó una trayectoria que lleva más de seis décadas desafiando los límites tradicionales del arte.
La placa fue entregada por el secretario de Cultura, Leonardo Cifelli, quien definió a Minujín como una de las artistas “más originales e influyentes que dio Argentina” y destacó su permanente búsqueda por romper las fronteras de los materiales, los formatos y las ideas.
Durante el homenaje se proyectó un video que recorrió diferentes momentos de su carrera. Allí, Minujín sintetizó parte de su concepción artística alrededor de tres palabras: ideas, intuición y emoción.
“A los 5 años supe que era artista. El arte no es para mirarlo, sino para vivirlo”, afirmó.
“El arte está sobre la política”
Antes de recibir la distinción, Minujín mantuvo un encuentro con la prensa en el que volvió sobre una idea que atraviesa buena parte de su pensamiento: el lugar del arte frente al poder y la política.
“Creo que el arte está sobre la política”, sostuvo.
Consultada sobre las confrontaciones entre dirigentes políticos y artistas, profundizó su mirada y diferenció la creación artística del ejercicio práctico de la política.
Para Minujín, la política intenta “acomodar la realidad”, pero en su ejercicio pueden aparecer intereses vinculados al poder y al enriquecimiento. En el arte, consideró, esa lógica debería quedar afuera, aunque estableció una excepción para aquellos artistas que orientan su trabajo exclusivamente hacia la comercialización.
Su reflexión estuvo acompañada por una recomendación dirigida especialmente a quienes comienzan una carrera artística: no crear pensando exclusivamente en vender ni perseguir el éxito inmediato.
De las becas a una carrera internacional
Minujín recordó que antes de poder vivir de sus obras tuvo diferentes trabajos e incluso fue moza en un restaurante de Washington.
También destacó la importancia que tuvieron las becas en su formación y aseguró haber obtenido 17 a lo largo de su trayectoria.
Ante la pregunta sobre las posibilidades que tienen actualmente los jóvenes artistas, sostuvo que continúan existiendo numerosas becas y residencias, aunque remarcó que es necesario buscarlas y presentarse a las convocatorias.
Una Estatua de la Libertad acostada
Lejos de pensar en el retiro, a los 83 años Minujín continúa imaginando proyectos monumentales.
Entre ellos aparece una vieja idea concebida en 1979: realizar una réplica horizontal de la Estatua de la Libertad, de aproximadamente 50 metros de largo, pensada para ser emplazada en Battery Park, Nueva York, frente al monumento original.
El proyecto contempla intervenir uno de los grandes símbolos estadounidenses y vincularlo con elementos de su cultura de consumo. Minujín, sin embargo, decidió mantener el misterio sobre cómo será finalmente realizada la obra.
“La van a tener que ver”, respondió.
Crear hasta el final
La artista también recordó épocas mucho más difíciles para la producción cultural argentina.
“En la época de los ’70 era peligroso ser artista”, señaló, al recordar la censura y la destrucción de obras durante la dictadura militar.
Ese recorrido histórico terminó convirtiéndose en una reflexión sobre el presente y el sentido mismo de dedicarse al arte.
Minujín insistió en que los artistas no deberían trabajar condicionados por la necesidad de vender o alcanzar reconocimiento, sino concentrarse en crear y sostener su obra a lo largo de toda la vida.
Su fórmula quedó resumida en una imagen contundente: “Morir como Picasso, con el pincel en la mano”.
A más de seis décadas de sus primeras experiencias de vanguardia, Marta Minujín mantiene intacta esa concepción: el arte como experiencia, provocación y libertad, un territorio que, para ella, permanece por encima de las coyunturas y del poder político.
Comentarios de las entradas (0)