La categoría ya piensa en la generación de motores que sucederá a la actual. El proyecto apunta a un V8 de 3 litros, turbo, con un sistema híbrido mucho más pequeño y unidades de potencia hasta 50 kilos más livianas. El cambio podría llegar en 2030.
La Fórmula 1 acaba de estrenar una de las mayores transformaciones técnicas de su historia, pero sus ingenieros ya están pensando en lo que vendrá después.
La FIA y los fabricantes comenzaron a delinear la próxima generación de motores y todo indica que el futuro podría recuperar una arquitectura que durante años fue parte del sonido característico de la categoría: los motores V8.
Pero no será simplemente un regreso al pasado.
La propuesta que está tomando forma contempla un V8 de 3 litros con turbocompresor, acompañado por un sistema eléctrico considerablemente más pequeño que el utilizado actualmente.
El objetivo es construir autos más livianos, reducir costos y complejidad y recuperar parte del carácter tradicional de un motor de competición, sin abandonar completamente la tecnología híbrida.
Un V8 de 3 litros
La arquitectura que aparece como base del próximo reglamento es un motor V8 de 3 litros.
El cambio sería significativo frente a los V6 turbo híbridos que constituyen la base de las unidades de potencia utilizadas por la Fórmula 1 desde 2014 y que fueron profundamente modificadas para el reglamento que comenzó a regir en 2026.
La FIA y los fabricantes todavía tienen que definir numerosos detalles, pero existe un consenso importante alrededor del regreso del V8.
Mattia Binotto, responsable del proyecto de Fórmula 1 de Audi, fue particularmente claro esta semana: el V8 aparece como una certeza dentro de las conversaciones, aunque todavía resta determinar cómo será exactamente el componente híbrido y si la configuración definitiva mantendrá el turbo.
La intención es que las reglas puedan quedar acordadas con suficiente anticipación para permitir que los fabricantes comiencen a desarrollar los nuevos motores.
La electricidad seguirá presente
El regreso del V8 no significaría abandonar la electrificación.
La propuesta que se encuentra bajo análisis contempla un motor eléctrico de alrededor de 100 kW, aproximadamente 136 caballos de potencia.
La diferencia con la generación actual sería considerable.
Las unidades introducidas en 2026 fueron diseñadas alrededor de un sistema eléctrico capaz de entregar hasta 350 kW. La próxima generación reduciría drásticamente esa participación.
La Fórmula 1 buscaría así un punto intermedio: conservar la tecnología híbrida y su vínculo con el desarrollo de la industria automotriz, pero evitar que la gestión de la energía eléctrica tenga un protagonismo tan grande durante las carreras.
Hasta 50 kilos menos
Hay otro número que resulta particularmente importante: 50 kilogramos.
Ese es el orden de reducción de peso que se pretende conseguir en la futura unidad de potencia respecto de las actuales.
No es una cuestión menor.
El peso de los monoplazas se convirtió durante los últimos años en uno de los grandes desafíos técnicos de la Fórmula 1. La incorporación de baterías, sistemas híbridos, estructuras de seguridad y autos cada vez más grandes produjo máquinas considerablemente más pesadas que las de generaciones anteriores.
Reducir el tamaño del sistema eléctrico y simplificar la unidad de potencia permitiría avanzar hacia autos más livianos.
Y un auto más liviano no solamente es más rápido.
También cambia de dirección con mayor facilidad, exige menos a los neumáticos y puede ofrecer un comportamiento más cercano al de los monoplazas que durante décadas caracterizaron a la categoría.
¿Por qué mantener el turbo?
Una de las posibilidades estudiadas era todavía más radical: recuperar un V8 atmosférico, sin turbocompresor.
Para muchos aficionados hubiera significado recuperar además uno de los elementos más recordados de aquellas generaciones de Fórmula 1: el sonido.
Pero apareció un problema inesperado.
El ruido.
Un V8 atmosférico moderno podría generar niveles sonoros incompatibles con las restricciones existentes en algunos de los circuitos urbanos utilizados actualmente por la categoría.
Melbourne, Miami, Madrid, Singapur, Bakú y Las Vegas se encuentran entre los escenarios donde las restricciones acústicas forman parte de las consideraciones que debe enfrentar la Fórmula 1.
Por eso, una de las alternativas que concentra mayor apoyo es utilizar un turbocompresor más pequeño.
La solución permitiría obtener un sonido considerablemente más intenso que el de las unidades actuales sin regresar completamente a los niveles acústicos de otras épocas.
También podría cambiar la forma de adelantar
La futura generación de autos podría incorporar otra modificación interesante.
En lugar de recuperar el antiguo DRS utilizado hasta 2025, los responsables técnicos estudian un mecanismo más parecido al push-to-pass utilizado en otras categorías como IndyCar.
El principio es sencillo: el piloto dispondría temporalmente de potencia adicional que podría utilizar en determinadas circunstancias para intentar un adelantamiento.
Todavía no está definido cómo funcionaría ni cuáles serían sus limitaciones.
Es uno de los numerosos aspectos que permanecen abiertos dentro de las negociaciones.
¿Por qué cambiar otra vez en 2030?
La Fórmula 1 introdujo en 2026 un reglamento que profundizó considerablemente la electrificación de sus motores.
Las nuevas unidades mantienen el V6 turbo de 1,6 litros, pero aumentaron de manera muy importante la participación de la energía eléctrica.
El objetivo era acercar la competición a algunas de las tecnologías que la industria automotriz considera estratégicas.
Sin embargo, el nuevo concepto también abrió una discusión sobre peso, complejidad, costos y la cantidad de energía que los pilotos deben administrar durante una carrera.
La próxima generación parece buscar un equilibrio diferente.
Menos complejidad eléctrica, motores más grandes, menor peso y una experiencia más cercana a la idea tradicional de un auto de carreras.
La Fórmula 1 como laboratorio tecnológico
Detrás de la discusión sobre V6 o V8 existe una cuestión mucho más amplia.
Durante décadas, la Fórmula 1 funcionó como un gigantesco laboratorio tecnológico.
Turbocompresores, sistemas híbridos, recuperación de energía, materiales ultralivianos, aerodinámica, combustibles y electrónica fueron desarrollados bajo las exigencias extremas de la competición y, en algunos casos, terminaron influyendo posteriormente en los vehículos de calle.
La discusión actual muestra que la innovación no necesariamente significa agregar cada vez más tecnología.
A veces el desafío consiste en conseguir el mismo rendimiento con sistemas más pequeños, simples, livianos y eficientes.
Si las conversaciones avanzan como está previsto, el V8 podría regresar a la Fórmula 1 a partir de 2030.
No sería el regreso de los motores del pasado.
Sería un V8 adaptado a una nueva época: turboalimentado, parcialmente electrificado, alimentado dentro de una categoría que apuesta por combustibles sostenibles y diseñado con una premisa que vuelve a ganar terreno en la máxima competición automovilística:
menos peso, menos complejidad y más motor.
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