La central obrera copó Plaza de Mayo por el Día del Trabajador, endureció su discurso contra el Gobierno y dejó abierta la puerta a un nuevo paro general.
La Confederación General del Trabajo volvió a mostrar músculo en la calle y encabezó una masiva movilización en Plaza de Mayo por el Día del Trabajador, donde lanzó un mensaje directo al gobierno de Javier Milei: “Hay que ponerle un límite a este modelo que excluye”.
El acto se realizó frente a la Casa Rosada, con un escenario central y fuertes críticas al rumbo económico, en una jornada que también dejó señales claras de que el conflicto sindical está lejos de bajar la intensidad.
Los principales oradores fueron los integrantes del triunvirato de la CGT: Octavio Argüello, Cristian Jerónimo y Jorge Sola.
Argüello fue el más contundente: denunció que el ajuste “no se soporta más” y llamó a construir unidad para enfrentar al Gobierno.
En la misma línea, Jerónimo defendió el accionar de la central y remarcó que la CGT “no confronta por confrontar”, sino que busca marcar un límite frente a las políticas oficiales.
Sola, por su parte, apuntó al perfil ideológico del Ejecutivo y cuestionó los datos oficiales sobre pobreza: “¿Dónde están los pibes que dicen que ya no están en la pobreza?”, lanzó.
La movilización se dio en un contexto de creciente tensión, tras los últimos reveses judiciales vinculados a la reforma laboral y en medio de versiones cada vez más firmes sobre un posible quinto paro general desde la asunción de Milei.
El mensaje de la jornada fue claro: la central obrera busca reagruparse, endurecer su postura y sostener la presión en la calle.
Más allá de la conmemoración del 1° de mayo, la movilización tuvo un fuerte contenido político. Entre consignas, banderas y discursos, la CGT buscó instalar una idea: el conflicto social está abierto y puede escalar en las próximas semanas.
Comentarios de las entradas (0)