La Agencia Espacial Europea lanzará el 15 de septiembre una misión diseñada para medir la actividad fotosintética de la vegetación y evaluar su estado de salud. Viajará junto al Sentinel-3C y sus datos podrían aportar información clave sobre cultivos, ecosistemas y cambio climático.
Europa prepara el lanzamiento de una misión espacial que permitirá observar desde cientos de kilómetros de altura uno de los procesos esenciales para la vida en la Tierra: la fotosíntesis de las plantas.
El satélite FLEX (Fluorescence Explorer) despegará junto al Sentinel-3C a bordo de un cohete Vega C desde el puerto espacial europeo de Kurú, en la Guayana Francesa. El lanzamiento está previsto para el 15 de septiembre a las 01:21 GMT, las 22:21 del día anterior en la hora local de Kurú.
La misión forma parte de los programas de observación terrestre de la Agencia Espacial Europea (ESA) y tiene como objetivo estudiar el funcionamiento de la vegetación y detectar situaciones de estrés.
Un resplandor invisible que revela la salud de las plantas
La particularidad de FLEX estará en lo que buscará desde el espacio. Cuando las plantas realizan la fotosíntesis emiten una cantidad extremadamente pequeña de luz rojiza conocida como fluorescencia, imperceptible para el ojo humano.
Para detectarla, el satélite llevará un instrumento denominado FLORIS, un espectrómetro de imágenes de alta precisión.
La medición de esa señal permitirá obtener información sobre la actividad fotosintética y, a partir de ella, estudiar el estado de la vegetación. Esto puede resultar especialmente relevante para comprender la respuesta de los cultivos y los ecosistemas frente a situaciones de estrés.
Simonetta Cheli, directora de Programas de Observación de la Tierra de la ESA, destacó que comprender mejor el funcionamiento de la vegetación adquiere mayor importancia frente al crecimiento de la población mundial, las necesidades de producción de alimentos y el cambio climático.
Los datos también servirán para profundizar el conocimiento sobre la relación de la fotosíntesis con los ciclos globales del carbono y del agua.
La misión FLEX tendrá inicialmente una duración estimada de tres años y medio, aunque desde la ESA esperan que pueda prolongarse.
FLEX y Sentinel-3C trabajarán juntos
FLEX no viajará solo. En el mismo lanzamiento será puesto en órbita Sentinel-3C, integrante del programa europeo Copernicus.
El nuevo satélite está destinado a reforzar la familia Sentinel-3, utilizada para estudiar océanos, superficie terrestre y diferentes variables relacionadas con el clima. Sentinel-3C está llamado a reemplazar progresivamente al Sentinel-3A, que permanece operativo desde 2016.
Una vez en funcionamiento, ambos satélites desarrollarán además una particular misión en tándem.
Compartirán prácticamente la misma órbita y FLEX pasará entre seis y quince segundos antes que Sentinel-3C sobre una misma zona. FLEX registrará la señal asociada con la fotosíntesis, mientras que Sentinel aportará información atmosférica, térmica y de la superficie necesaria para interpretar esos datos.
Según la ESA, la combinación permitirá obtener observaciones casi simultáneas sobre el estado de la vegetación, el funcionamiento de los ecosistemas y el ciclo terrestre del carbono a escala global.
Tecnología europea para observar la Tierra
El desarrollo de ambos satélites movilizó a una amplia red científica e industrial. FLEX demandó nueve años de trabajo y la participación de 33 empresas, mientras que en Sentinel-3C intervinieron más de 80 compañías durante siete años. En conjunto participaron organizaciones de 14 países europeos.
Los dos satélites ya se encuentran en el centro espacial de Kurú, donde atraviesan los últimos preparativos.
Más allá de su interés científico, FLEX abre una nueva posibilidad: observar directamente desde el espacio cómo está funcionando la vegetación, una información que puede contribuir a estudiar la producción agrícola, anticipar situaciones de estrés y comprender mejor la respuesta de los ecosistemas frente a un clima cambiante.
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