Una encuesta nacional revela las tensiones que atraviesan al principal espacio opositor: Cristina Fernández de Kirchner conserva la mayor influencia política, pero crece la demanda de un recambio en la conducción. Axel Kicillof aparece como el dirigente mejor posicionado para una candidatura presidencial, mientras se instala la necesidad de construir una alianza más amplia y recuperar una propuesta política capaz de trascender las disputas internas.
El peronismo se encamina hacia las elecciones presidenciales de 2027 atravesado por una discusión que excede la definición de candidaturas. La pregunta de fondo es cómo reorganizar su conducción, recuperar capacidad de representación y construir una alternativa frente al gobierno de Javier Milei.
La disputa por el liderazgo, las diferencias entre sectores internos y la necesidad de ampliar su base electoral aparecen como algunos de los principales desafíos de un movimiento que conserva una importante estructura territorial, pero todavía no logra consolidar una estrategia nacional compartida.
Un estudio de opinión pública elaborado por la consultora Praxis, realizado entre el 1 y el 6 de octubre sobre 800 casos, aporta datos para comprender ese escenario. Los resultados muestran una tensión entre el reconocimiento de los liderazgos históricos y la demanda de una nueva etapa política.
Cristina Kirchner: influencia política y demanda de renovación
Uno de los datos más significativos del relevamiento es la posición que conserva Cristina Fernández de Kirchner dentro del peronismo.
El 44,6% de los encuestados la identifica como la dirigente de mayor influencia en el espacio, muy por encima de Axel Kicillof, que reúne el 26,3%, y Sergio Massa, con el 6,4%.
Sin embargo, ese reconocimiento no se traduce necesariamente en respaldo a su continuidad como principal conductora política.
El 47,6% considera que la expresidenta debería apartarse de la conducción partidaria, mientras que apenas el 13,3% sostiene que debería continuar al frente del espacio. Otro 18% le asigna un papel consultivo.
La diferencia entre influencia y expectativa de continuidad expone uno de los principales dilemas del peronismo: cómo administrar el peso de su figura más reconocida sin impedir la aparición de nuevos liderazgos.
La discusión no pasa únicamente por nombres propios. También involucra la identidad política, las formas de organización y la posibilidad de interpretar las demandas de una sociedad que atravesó importantes transformaciones económicas y sociales.
Kicillof, el mejor posicionado para disputar la Presidencia
En el escenario de una eventual competencia interna para definir al candidato presidencial, Axel Kicillof aparece como el dirigente con mayor respaldo.
El gobernador bonaerense obtiene el 47,5% de las preferencias, seguido por Sergio Massa, con el 14,4%, y Juan Grabois, con el 8,8%.
El resultado lo ubica como una de las principales referencias de la oposición de cara a 2027, aunque también revela los límites que podría enfrentar su proyección nacional.
El 42,1% de los consultados identifica a Kicillof con una continuidad del kirchnerismo tradicional. En cambio, el 23,7% lo considera una renovación dentro de ese mismo espacio y solamente el 15,2% interpreta que representa una etapa completamente diferente.
Esta percepción plantea un desafío para el mandatario bonaerense: consolidar su propio liderazgo y, al mismo tiempo, construir una identidad política que pueda atraer a sectores más allá del electorado kirchnerista.
Su experiencia de gestión y su confrontación con las políticas económicas nacionales constituyen parte de su perfil público, pero la encuesta sugiere que una eventual candidatura presidencial requeriría ampliar su capacidad de convocatoria.
Una interna que puede debilitar al conjunto
Las diferencias entre los sectores identificados con Cristina Kirchner y Axel Kicillof aparecen como otro factor de preocupación.
El 62,7% de los encuestados considera que esas tensiones debilitan al peronismo, un dato que pone en evidencia el costo político que puede tener una disputa prolongada por la conducción.
Al mismo tiempo, el 56,8% entiende que el espacio ya atraviesa, en mayor o menor medida, un proceso de transición en su liderazgo.
La cuestión central será determinar si esa transición puede resolverse mediante acuerdos políticos o si terminará profundizando las divisiones.
En cuanto al mecanismo para definir candidaturas, las elecciones primarias aparecen como la opción más elegida, con el 34,6% de las respuestas.
La preferencia por una competencia interna refleja la necesidad de construir legitimidad para una nueva conducción, especialmente en un espacio que reúne sectores políticos, sindicales, sociales y territoriales con intereses diversos.
¿Renovar la identidad o comenzar una etapa diferente?
La encuesta también indaga sobre el rumbo político que debería adoptar el peronismo.
El 45,1% considera necesario inaugurar una etapa diferente, mientras que el 27,5% prefiere conservar su identidad, pero incorporando cambios. Otro 13% se inclina por mantener la orientación política asociada con Cristina Kirchner.
La renovación generacional aparece como una de las características más valoradas para el próximo liderazgo, con el 22,5% de las menciones.
Le sigue la experiencia de gestión, con el 19,4%.
En cambio, la confrontación directa con el Gobierno nacional recibe apenas el 6,5% de las preferencias.
Este último dato resulta especialmente significativo: sugiere que, para una parte de los consultados, la reconstrucción de una alternativa política no debería depender exclusivamente de la oposición a Milei, sino también de la elaboración de propuestas propias.
La discusión sobre el empleo, los ingresos, la producción, la educación y el desarrollo federal podría adquirir un lugar central en ese proceso.
La necesidad de ampliar las alianzas
Otro de los interrogantes es cómo recuperar competitividad electoral en un escenario político fragmentado.
El 27,8% de los encuestados se inclina por la construcción de un frente amplio, mientras que el 23,8% considera necesaria una propuesta política nueva.
En ese marco, el estudio identifica a gobernadores de distintos espacios como posibles actores de una articulación más extensa.
Entre los dirigentes mencionados aparecen Maximiliano Pullaro, de Santa Fe, con el 20%; Martín Llaryora, de Córdoba, con el 18,4%; y Gustavo Sáenz, de Salta, con el 17,2%.
La presencia de estos nombres no supone que exista una alianza en marcha, pero permite observar que parte de los consultados imagina una construcción política que exceda los límites tradicionales del justicialismo.
Esa posibilidad plantea, a su vez, una dificultad: cómo reunir sectores con diferencias ideológicas, electorales y de gestión sin perder coherencia programática.
El papel de los gobernadores y las provincias
La discusión sobre una nueva estrategia nacional también devuelve protagonismo a los gobernadores y a las estructuras provinciales del peronismo.
En un país atravesado por desigualdades territoriales, tensiones fiscales y disputas por la distribución de recursos, la representación federal puede convertirse en uno de los ejes de cualquier propuesta electoral.
Para provincias como La Pampa, el debate adquiere relevancia por el impacto de las políticas nacionales sobre la obra pública, la producción, los servicios y el financiamiento de las administraciones provinciales.
El desafío de una eventual coalición será articular esas demandas territoriales con un programa nacional que contemple las distintas realidades económicas y sociales del país.
La construcción de acuerdos entre gobernadores, intendentes, organizaciones sindicales y movimientos sociales podría resultar tan importante como la definición del candidato presidencial.
El verdadero desafío: construir una alternativa de gobierno
Los números del relevamiento dibujan un escenario en el que ningún liderazgo parece suficiente por sí solo para resolver las dificultades del peronismo.
Cristina Kirchner conserva una influencia política considerable, pero una parte importante de los consultados demanda cambios en la conducción. Kicillof aparece como el principal aspirante presidencial, aunque todavía enfrenta el desafío de proyectar una identidad propia. Y la posibilidad de una alianza amplia abre oportunidades, pero también exige acuerdos sobre un programa común.
Más allá de los porcentajes, el problema central es político: definir qué modelo de país propone el peronismo, cómo pretende responder a las transformaciones económicas y sociales y de qué manera puede recuperar la confianza de quienes se alejaron de sus propuestas electorales.
De cara a 2027, el peronismo deberá decidir si la renovación será solamente un cambio de nombres o una transformación más profunda de su organización, su discurso y su proyecto de gobierno. La respuesta puede resultar determinante para su capacidad de volver a disputar el poder nacional.
Comentarios de las entradas (0)