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El cambio climático avanza más rápido que la adaptación de las ciudades europeas

today20 septiembre, 2026

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Un informe de Lancet Countdown analizó unas 850 ciudades y advirtió sobre el creciente impacto del calor en la salud. En el sur de Europa, la mortalidad asociada a las altas temperaturas aumentó un 161% respecto del período 1991-2000.

Las ciudades europeas están tomando medidas para enfrentar el cambio climático, pero la velocidad con la que aumentan sus efectos supera la capacidad de adaptación urbana. El calor aparece como una de las principales amenazas y sus consecuencias ya pueden medirse en términos de salud y mortalidad.

La advertencia surge del último informe de Lancet Countdown sobre salud y cambio climático en las ciudades de Europa, elaborado con la participación de 58 especialistas de 31 instituciones académicas y datos correspondientes a unas 850 ciudades, donde viven tres de cada cuatro europeos.

“Se están llevando a cabo muchas iniciativas en las ciudades para adaptarse al cambio climático y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero; sin embargo, observamos que el ritmo del cambio climático es mucho más rápido que la capacidad de adaptación”, explicó Cathryn Tonne, investigadora del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) y codirectora de Lancet Countdown Europe.

El dato adquiere particular relevancia en un continente que atraviesa un rápido proceso de calentamiento y donde las ciudades del sur europeo aparecen entre las más vulnerables.

El calor ya tiene consecuencias sobre la salud

Uno de los datos más contundentes del relevamiento es el aumento de la mortalidad relacionada con las altas temperaturas.

En las ciudades del sur de Europa, las muertes vinculadas al calor aumentaron un 161% durante la última década en comparación con el período de referencia 1991-2000.

España permite observar la magnitud del fenómeno. Entre 2015 y 2024, el promedio anual de mortalidad relacionada con el calor aumentó en 95,4 casos por millón de habitantes respecto de 1991-2000.

El caso más extremo relevado fue Castellón de la Plana, donde la tasa pasó de 25,7 a 168,1 muertes por millón: un incremento del 553%.

“Sabemos que el calor mata y observamos niveles realmente elevados de mortalidad atribuible a él”, señaló Tonne.

Las personas mayores y los niños se encuentran entre los grupos particularmente vulnerables, al igual que las mujeres embarazadas.

La región mediterránea ocupa un lugar especialmente sensible. Tonne la ha definido como un “punto caliente” del cambio climático, afectado no solamente por las temperaturas sino también por sequías y condiciones que pueden favorecer determinadas enfermedades infecciosas.

Muchas medidas, pero todavía insuficientes

El estudio encontró que el 88% de las ciudades analizadas ya adoptó medidas destinadas a reducir el impacto del calor. Sin embargo, los investigadores consideran que las acciones todavía resultan insuficientes frente a la velocidad de los cambios.

Entre las posibilidades de adaptación aparecen medidas relativamente concretas: incrementar el arbolado urbano, generar más espacios de sombra, mejorar el transporte público y favorecer desplazamientos a pie o en bicicleta.

Pero esas políticas también deben contemplar las nuevas condiciones climáticas. Un carril para bicicletas, por ejemplo, pierde parte de su utilidad durante temperaturas extremas si no ofrece sombra o condiciones adecuadas de seguridad.

España muestra algunas de esas dificultades. Según los datos incluidos en el informe, en 2022 sus ciudades alcanzaron una puntuación promedio de 5,3 sobre 10 en transporte sostenible, por debajo del 7 considerado como un buen desempeño. La infraestructura ciclista alcanzaba solamente al 11% de las vías urbanas.

Al mismo tiempo, Tonne destacó los avances españoles en la reducción de la contaminación atmosférica asociados a la descarbonización del sistema energético.

Adaptarse también cuesta dinero

El informe plantea además otro problema: buena parte del esfuerzo económico está recayendo sobre las propias ciudades.

Durante 2024, los gobiernos urbanos financiaron con recursos propios el 94,5% de las medidas de adaptación y el 63,3% de las acciones destinadas a mitigar el cambio climático, según el relevamiento.

Por eso, los investigadores plantean la necesidad de una mayor coordinación entre los distintos niveles de gobierno y de incrementar los recursos destinados a las políticas climáticas locales.

Para Tonne, el desafío no debería pensarse solamente como una cuestión ambiental. El cambio climático se ha convertido también en un problema de salud pública.

Reducir el uso de combustibles fósiles, mejorar el transporte colectivo, favorecer la movilidad activa, ampliar la vegetación urbana o modificar determinados patrones alimentarios puede disminuir las emisiones, pero al mismo tiempo producir beneficios directos sobre la salud.

“Estamos ante una verdadera emergencia. El cambio climático está aquí”, había advertido la investigadora al analizar una edición anterior del Lancet Countdown Europe.

Escrito por c2281666

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