Sociales

Clubes de barrio en crisis: aumentan las tarifas, crece la morosidad y cada vez más familias necesitan ayuda

today8 noviembre, 2026

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Las instituciones deportivas y sociales atraviesan una situación económica crítica. El incremento de los servicios, las dificultades para cobrar las cuotas y la reducción del apoyo estatal ponen en riesgo su funcionamiento. Mientras crece la cantidad de familias que recurren a estos espacios, los clubes multiplican las becas y las actividades solidarias para mantener sus puertas abiertas.

Los clubes de barrio de la Argentina enfrentan una de las situaciones económicas más difíciles de los últimos años. El aumento de las tarifas de electricidad, gas y agua, sumado a la creciente morosidad en el pago de las cuotas sociales y la reducción del financiamiento estatal, está comprometiendo el funcionamiento de instituciones que cumplen un papel fundamental en la vida comunitaria.

La crisis presenta una contradicción: mientras más familias buscan alternativas accesibles para que sus hijos practiquen deportes, los clubes cuentan con menos recursos para sostener sus instalaciones y actividades.

En muchos casos, las comisiones directivas deben elegir entre pagar las facturas, realizar reparaciones indispensables o continuar con proyectos de infraestructura que permitan mejorar los espacios deportivos.

Nueve de cada diez clubes no registran mejoras económicas

Un relevamiento de la Unión Nacional de Clubes de Barrio (UNCB), realizado entre 374 instituciones deportivas de todo el país, refleja la magnitud de las dificultades.

Según la encuesta, el 49,5% de los clubes aseguró que su situación económica empeoró significativamente respecto del año anterior, mientras que otro 41,7% indicó que permanece igual de complicada.

En conjunto, más del 91% de las instituciones consultadas no registró mejoras en su situación financiera.

Uno de los principales problemas es el incremento de los costos fijos. En distintas entidades, las facturas de electricidad llegaron a duplicarse en apenas doce meses, obligando a destinar una proporción cada vez mayor de los ingresos al pago de servicios esenciales.

A esta situación se suma la reducción de subsidios y programas de apoyo del Estado nacional, que históricamente contribuían al sostenimiento de las actividades deportivas y comunitarias.

Las obras y mejoras quedan postergadas

Sergio Pérez Barrera, coordinador de fútbol y secretario del Club Sportivo Devoto, describió las dificultades que enfrentan las instituciones para mantener sus instalaciones.

“Nos recortamos en infraestructura, pintura y todo lo que tiene que ver con el crecimiento. Al mantenimiento grande lo tenemos pausado y estamos solamente atacando lo urgente con financiamiento propio. De hecho, a veces nosotros mismos ponemos la plata”, explicó.

El dirigente señaló que prácticamente todos los recursos disponibles se destinan a cubrir gastos corrientes.

“El presupuesto que tenemos va destinado todo al mantenimiento y el pago de las facturas. Además, hay una morosidad más alta que de costumbre de gente que antes podía pagar y hoy no”, afirmó.

Pérez Barrera aclaró que muchas familias mantienen la voluntad de cumplir con sus obligaciones, pero deben postergar los pagos hasta conseguir ingresos adicionales.

“Hay familias que dejan pasar un par de meses y después pagan todo junto. Muchos van juntando y luego abonan con algún trabajito extra”, detalló.

Más chicos en los clubes, pero menos familias pueden pagar

El deterioro del poder adquisitivo también modificó la relación entre las familias y las instituciones deportivas.

Frente al aumento de las cuotas de gimnasios y establecimientos privados, numerosos hogares comenzaron a buscar alternativas en los clubes sociales y de barrio.

Sin embargo, el incremento de la demanda no necesariamente se traduce en mayores ingresos.

Los relevamientos del sector advierten que la morosidad en el pago de las cuotas sociales llegó a superar el 50% en algunas mediciones, lo que dificulta la planificación económica de las entidades.

Gabriel Santagata, presidente del Club Deportivo Giuffra, explicó que su institución decidió ampliar la cantidad de becas para evitar que los problemas económicos dejaran a niños y adolescentes fuera de las actividades.

“Aumentó mucho la dificultad que tienen los papás y las mamás para pagar la cuota, así que decidimos incrementar la cantidad de becas. Nos vamos acercando a que casi la mitad de las personas que asisten a nuestro club no están en condiciones de pagar una cuota mínima”, sostuvo.

La decisión refleja una realidad que se repite en numerosas instituciones: las familias necesitan cada vez más de los clubes, pero disponen de menos dinero para sostenerlos.

Rifas, loterías y trabajo voluntario para seguir funcionando

Ante la falta de recursos, los clubes están recuperando mecanismos tradicionales de financiamiento comunitario.

Rifas, loterías familiares, torneos solidarios, donaciones de comerciantes y trabajo voluntario de vecinos se convirtieron en herramientas fundamentales para cubrir gastos.

“Vivimos una etapa similar a como eran los clubes hace 50 años. Estamos permanentemente haciendo lotería familiar, rifas y torneos solidarios para subsistir”, explicó Santagata.

En distintas instituciones también comenzaron a reducirse los horarios de iluminación de las instalaciones para disminuir el consumo eléctrico.

Otras iniciativas incluyen la organización de espacios solidarios para compartir indumentaria deportiva, botines y elementos de entrenamiento, con el objetivo de garantizar que ningún chico abandone la práctica deportiva por dificultades económicas.

En el conurbano bonaerense y la Ciudad de Buenos Aires, donde una proporción importante de clubes funciona fuera del sistema federativo formal, estas estrategias se volvieron cada vez más frecuentes.

El impacto social de una crisis que va más allá del deporte

La situación de los clubes de barrio no representa solamente un problema financiero.

Estas instituciones constituyen espacios de encuentro, contención e integración para miles de niños, adolescentes y familias. Además de ofrecer actividades deportivas, cumplen funciones educativas, culturales y comunitarias.

En muchos barrios, los clubes son uno de los pocos lugares donde los jóvenes pueden participar de actividades organizadas, construir vínculos y desarrollar hábitos saludables.

Por eso, las dificultades económicas que atraviesan tienen consecuencias que exceden el mantenimiento de una cancha, un gimnasio o una sede social.

Cuando una institución reduce horarios, suspende actividades o posterga inversiones, también se debilita una parte de la red comunitaria que sostiene la vida cotidiana de los barrios.

El desafío de sostener las puertas abiertas

Los dirigentes deportivos advierten que las medidas de alivio tarifario y los programas de asistencia disponibles resultan insuficientes o presentan dificultades administrativas para acceder a ellos.

Mientras tanto, el aumento de los costos y la caída en la capacidad de pago de las familias obligan a las instituciones a sostener un delicado equilibrio entre sus necesidades financieras y su compromiso social.

El desafío es particularmente complejo: mantener las actividades accesibles sin comprometer la continuidad de los clubes.

En un contexto de dificultades económicas, los clubes de barrio vuelven a demostrar su importancia como espacios de solidaridad y encuentro. Pero el esfuerzo de dirigentes, familias y vecinos necesita condiciones que permitan garantizar su funcionamiento y preservar una de las redes sociales más valiosas de la Argentina.

Escrito por Diario Sonar

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