La empresa textil Fantome Group solicitó la apertura de concurso preventivo de acreedores en un intento por reestructurar su deuda y sostener la actividad, en medio de una fuerte caída de ventas y el impacto de las importaciones en el mercado local.
La firma, que llegó a fabricar indumentaria para marcas reconocidas como Reebok, Kappa, Kevingston y Cheeky, argumentó ante la Justicia que atraviesa una situación crítica y que el proceso concursal “constituye la única vía para preservar la actividad y garantizar una reorganización ordenada”.
El deterioro financiero se refleja en los registros del Banco Central, donde figuran 33 cheques rechazados por falta de fondos por un total de $44,9 millones. A esto se suman embargos judiciales por más de $130 millones que la compañía no logró afrontar, lo que derivó en la cesación de pagos.
Fundada en 2018 y con base en el barrio porteño de Villa Devoto, la empresa llegó a emplear a 120 trabajadores en su mejor momento. Actualmente, sostiene apenas 20 puestos activos, en línea con la contracción de su actividad.
Uno de los principales golpes para Fantome Group fue la decisión de Kevingston de reemplazar la producción local por importaciones en 2020. Según la compañía, se trataba de su cliente más importante y su salida implicó “un quiebre estructural” en el flujo de trabajo.
La situación se agravó en 2025, cuando finalizó el contrato con Distrinando S.A., licenciataria en el país de Kappa y Reebok, que había permitido sostener parte de la operación mediante la provisión de indumentaria deportiva y equipamiento a clubes.
En su presentación judicial, la firma vinculó su crisis con el contexto general de la industria textil nacional, al señalar una “competencia diabólica” por el avance de productos importados y prácticas de comercialización por debajo de los costos.
A este escenario se suman otros factores que afectan la rentabilidad, como el aumento de los costos de insumos, energía y salarios, la presión impositiva y la falta de medidas para evitar el dumping.
En busca de revertir la situación, la empresa impulsó un proceso de reconversión que incluyó el desarrollo de una marca propia, la apertura de un local minorista en el barrio de Belgrano y la creación de una unidad de bordado y estampado, hoy su principal fuente de ingresos.
Sin embargo, el nuevo esquema de negocios aún no logra compensar la pérdida del segmento mayorista, lo que mantiene a la compañía en una situación delicada.
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