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Argentina podría venderle gas a Bolivia: el papel clave del gasoducto Néstor Kirchner

today14 octubre, 2026

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Después de casi dos décadas de importar gas boliviano, el país podría invertir la relación comercial a partir de 2031. El crecimiento de Vaca Muerta y las obras de infraestructura energética iniciadas durante el gobierno de Alberto Fernández explican buena parte de este cambio de escenario.

Argentina podría convertirse en proveedora de gas natural de Bolivia a partir de 2031, en un giro histórico para la relación energética entre ambos países. Durante casi veinte años, el mercado argentino dependió parcialmente del suministro boliviano, pero la caída de la producción del país vecino y el crecimiento de Vaca Muerta comenzaron a modificar esa situación.

Un informe de la comercializadora Alpes Energy advierte que Bolivia podría necesitar importar gas en los próximos años, mientras Argentina dispone de recursos para ampliar sus ventas regionales.

Sin embargo, la posibilidad de exportar no depende únicamente de contar con reservas de gas, sino también de disponer de la infraestructura necesaria para transportarlo.

La obra que comenzó a cambiar el mapa energético

En ese proceso tuvo un papel importante la construcción del Gasoducto Presidente Néstor Kirchner, inaugurado el 9 de julio de 2023 durante la presidencia de Alberto Fernández.

La obra, de 573 kilómetros, conecta Tratayén, en Neuquén, con Salliqueló, en la provincia de Buenos Aires, y atraviesa Río Negro y La Pampa.

Su construcción permitió ampliar la capacidad de transporte del gas producido en Vaca Muerta, reducir la necesidad de importaciones y fortalecer el abastecimiento nacional.

La obra también tiene una vinculación directa con La Pampa: uno de los hitos de su construcción fue la última soldadura de la traza regular, realizada en mayo de 2023 cerca de La Reforma.

El proyecto formó parte del programa Transport.Ar, que también contempló la Reversión del Gasoducto Norte, una intervención decisiva para llevar gas argentino hacia las provincias del noroeste.

Esta última obra, inaugurada en 2024 durante el gobierno de Javier Milei, permitió modificar el sentido histórico de circulación del gas, que anteriormente ingresaba desde Bolivia.

La combinación de estas inversiones, junto con la ampliación de otros sistemas de transporte, constituye un antecedente importante para una eventual exportación hacia el mercado boliviano.

Bolivia produce cada vez menos gas

El informe de Alpes Energy señala que Bolivia alcanzó su máximo nivel de producción en 2014, con 59,6 millones de metros cúbicos diarios.

Desde entonces, la extracción comenzó a disminuir. Para 2026, la petrolera estatal boliviana YPFB proyecta una producción promedio de 26,6 millones de metros cúbicos diarios, un 53% menos que en 2016.

En contraste, la producción de la Cuenca Neuquina creció un 56% entre 2016 y los primeros siete meses de 2026, impulsada principalmente por el desarrollo de los recursos no convencionales.

Según las proyecciones de Alpes Energy, Bolivia podría producir apenas 15,3 millones de metros cúbicos diarios en 2031, frente a una demanda interna estimada en 14 millones.

Un año después, su producción podría resultar insuficiente para abastecer el consumo doméstico, convirtiendo al país en importador neto de gas.

Una oportunidad para Vaca Muerta

El cambio de escenario abriría una nueva oportunidad comercial para Argentina.

El país dejó de importar gas boliviano mediante contratos firmes en septiembre de 2024, después de casi dos décadas de abastecimiento.

Ahora, el crecimiento de Vaca Muerta podría permitir que el suministro circule en sentido contrario.

Alpes Energy considera que Bolivia representa un mercado cercano y estratégico, tanto por su ubicación geográfica como por la infraestructura gasífera existente.

De todos modos, la firma advierte que uno de los principales desafíos será garantizar volúmenes estables durante todo el año, especialmente en invierno, cuando aumenta considerablemente el consumo argentino.

De importar energía a proyectar exportaciones

La eventual venta de gas a Bolivia todavía es una proyección y dependerá de las condiciones de producción, transporte, demanda y acuerdos comerciales que se alcancen durante los próximos años.

Pero el cambio permite dimensionar la importancia de las inversiones en infraestructura energética.

El Gasoducto Presidente Néstor Kirchner, construido durante la gestión de Alberto Fernández, y la posterior Reversión del Gasoducto Norte forman parte de un proceso que permitió reemplazar importaciones con producción nacional y ampliar las posibilidades de abastecimiento regional.

Lo que durante casi veinte años fue una relación de dependencia del gas boliviano podría transformarse, hacia comienzos de la próxima década, en una nueva oportunidad exportadora para Argentina.

Escrito por Diario Sonar

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