El exgobernador Carlos Verna volvió a escena en Santa Rosa con una jugada que, aunque presentada como circunstancial, tuvo fuerte lectura política puertas adentro del peronismo. El líder de la Línea Plural aprovechó un viaje por controles médicos para irrumpir sin aviso en la Casa Plural, el histórico búnker de su espacio.
Lo que desde su entorno describieron como una visita “espontánea” tras cumplir con compromisos de salud, en la práctica se tradujo en una señal clara de reposicionamiento. No hubo convocatoria amplia ni fotos masivas: el encuentro fue cerrado, selectivo y con fuerte contenido político.
Del cónclave participaron la vicegobernadora Alicia Mayoral, el diputado nacional Hernán Pérez Araujo, la legisladora Silvia Larreta y el dirigente toayense Martín Rojas, además de un grupo de jóvenes referenciados con Pérez Araujo. Verna llegó acompañado por su secretario, Marcelo García.
Las apariciones del “Barba” nunca son inocentes. Esta vez, bajo el argumento de una visita médica, volvió a marcar territorio y a ordenar su tropa en un momento donde la interna del PJ pampeano comienza a tomar temperatura.
El dato no menor fue el contexto: mientras Verna reunía a su núcleo duro, el gobernador Sergio Ziliotto encabezaba en simultáneo una actividad institucional en el Medasur, con la presentación del Plan de Desarrollo Económico y Productivo 2026–2030. Dos escenas paralelas que, en la lógica del peronismo, funcionan como mensajes.
Sin confrontar de manera explícita, Verna eligió mostrarse con los propios. La foto —aunque reservada— y la ausencia de figuras externas refuerzan una estrategia conocida: consolidar primero hacia adentro, medir el escenario y recién después ampliar.
En un PJ donde los gestos pesan tanto como las palabras, la reaparición del exgobernador no pasó desapercibida. Más que una visita médica, fue una señal política: Verna sigue en juego y observa de cerca cada movimiento en la capital pampeana.
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