De obrero metalúrgico a presidente por cuarta vez. A los 80 años, Luiz Inácio Lula da Silva volvió a imponerse en las urnas y prolongó una trayectoria política que atraviesa medio siglo de historia latinoamericana. Su nueva victoria frente al bolsonarismo confirma la vigencia de uno de los dirigentes más influyentes de la región.
Hay pocas historias políticas en América Latina comparables con la de Luiz Inácio Lula da Silva. Nació en una familia pobre del nordeste brasileño, trabajó como obrero metalúrgico, encabezó huelgas contra una dictadura, fundó un partido político, perdió tres elecciones presidenciales, llegó al poder, pasó por la cárcel y regresó para volver a ganar.
Este domingo 25 de octubre, a dos días de cumplir 81 años, sumó un nuevo capítulo a esa biografía excepcional: derrotó a Flávio Bolsonaro en el balotaje y se convirtió en el primer dirigente elegido cuatro veces presidente de Brasil.
La victoria llegó después de una de las campañas más ajustadas y polarizadas de la historia reciente del país. El candidato del Partido Liberal había ganado la primera vuelta del 4 de octubre, pero Lula consiguió revertir aquella diferencia y asegurar su continuidad en el Palacio del Planalto.
El resultado no solo prolonga su carrera política. También confirma que, casi cinco décadas después de su irrupción en la vida pública, Lula sigue siendo una figura central para comprender las disputas sociales, económicas e ideológicas de Brasil.
El obrero que desafió a la dictadura
Luiz Inácio Lula da Silva nació el 27 de octubre de 1945 en Garanhuns, Pernambuco, una de las regiones históricamente más pobres de Brasil.
Su infancia estuvo marcada por las dificultades económicas y la migración familiar hacia San Pablo, donde comenzó a trabajar desde muy joven.
Aprendió el oficio de tornero mecánico y se incorporó a las fábricas metalúrgicas del cinturón industrial paulista, una región que concentraba buena parte del desarrollo industrial brasileño.
Allí encontró el espacio desde el cual comenzaría su carrera pública.
En 1975 asumió la presidencia del Sindicato de Metalúrgicos de São Bernardo do Campo y Diadema. Desde esa posición encabezó grandes movilizaciones obreras que desafiaron las restricciones impuestas por la dictadura militar.
Las huelgas de finales de los años setenta lo transformaron en una figura nacional. Su liderazgo combinaba la experiencia directa del trabajo industrial con una capacidad de comunicación que pronto trascendió las fábricas.
En 1980 participó en la fundación del Partido de los Trabajadores (PT), una organización que reunió a sindicalistas, movimientos sociales, sectores progresistas e intelectuales comprometidos con la democratización del país.
Tres derrotas antes de llegar al poder
El camino hacia la Presidencia fue largo.
Lula participó en las elecciones de 1989, 1994 y 1998 sin conseguir la victoria. Durante esos años, el PT pasó de ser una fuerza surgida de los movimientos sindicales a convertirse en uno de los principales partidos de Brasil.
Finalmente, en 2002, Lula ganó las elecciones presidenciales y asumió el Gobierno el 1 de enero de 2003.
Su llegada al poder tuvo un fuerte significado simbólico: un trabajador que había conocido la pobreza y la vida fabril se convertía en presidente de la mayor economía sudamericana.
Durante sus dos primeros mandatos, entre 2003 y 2010, Brasil experimentó crecimiento económico, expansión del consumo y una reducción de la pobreza, favorecida tanto por políticas públicas como por un contexto internacional de elevados precios de las materias primas.
El programa Bolsa Família se convirtió en una de las iniciativas más reconocidas de su gestión, al establecer transferencias de ingresos para millones de hogares de bajos recursos.
Su Gobierno también impulsó una mayor presencia internacional de Brasil y fortaleció los vínculos con otros países sudamericanos y economías emergentes.
El Brasil de Lula y una América Latina en transformación
La primera etapa presidencial de Lula coincidió con un período de profundos cambios políticos en América Latina.
En la región gobernaban dirigentes como Néstor Kirchner en la Argentina, Hugo Chávez en Venezuela, Tabaré Vázquez en Uruguay y, posteriormente, Evo Morales en Bolivia y Michelle Bachelet en Chile.
Aunque sus proyectos políticos presentaban diferencias importantes, compartían una mayor atención a la intervención estatal, las políticas sociales y la integración regional.
Lula se convirtió en uno de los principales interlocutores de ese proceso.
Brasil amplió su protagonismo diplomático, participó activamente en espacios multilaterales y fortaleció su relación con países como China, India y Sudáfrica.
Su influencia excedió las fronteras brasileñas y lo transformó en una referencia de la política internacional.
La caída, la cárcel y el regreso
La trayectoria de Lula también estuvo atravesada por escándalos de corrupción, investigaciones judiciales y fuertes cuestionamientos políticos.
En el marco de la operación Lava Jato, fue condenado por corrupción y lavado de dinero y permaneció encarcelado entre abril de 2018 y noviembre de 2019.
Su prisión lo dejó fuera de la elección presidencial de 2018, que terminó con la victoria de Jair Bolsonaro.
Sin embargo, en 2021 el Supremo Tribunal Federal anuló sus condenas al considerar que el tribunal de Curitiba carecía de competencia para juzgar aquellas causas. También declaró la parcialidad del entonces juez Sergio Moro en uno de los procesos.
Las decisiones judiciales le permitieron recuperar sus derechos políticos y volver a competir electoralmente.
En 2022 derrotó a Jair Bolsonaro y regresó a la Presidencia después de doce años fuera del Ejecutivo.
Fue uno de los regresos más significativos de la política brasileña contemporánea.
Otra vez frente al apellido Bolsonaro
Cuatro años después, Lula volvió a encontrarse con el mismo espacio político, aunque esta vez su adversario fue Flávio Bolsonaro, senador e hijo mayor del expresidente.
La campaña de 2026 estuvo marcada por las diferencias entre dos proyectos de país.
Lula defendió la continuidad de las políticas sociales, la inversión pública, la protección ambiental y una política exterior orientada al multilateralismo.
Flávio Bolsonaro representó una propuesta conservadora, con especial énfasis en la seguridad y una mayor cercanía con la administración estadounidense de Donald Trump.
El candidato del Partido Liberal llegó al balotaje después de obtener el 47,03% de los votos válidos en la primera vuelta, frente al 45,16% del presidente.
Pero la segunda vuelta modificó aquel escenario y terminó otorgándole a Lula una nueva victoria.
El resultado volvió a poner de manifiesto una sociedad profundamente dividida, en la que ambos espacios políticos conservan una importante capacidad de movilización electoral.
Un cuarto mandato y nuevos desafíos
Lula iniciará su nuevo período presidencial el 1 de enero de 2027, acompañado por el vicepresidente Geraldo Alckmin.
El escenario que encontrará presenta dificultades económicas, sociales e institucionales.
Entre los principales desafíos aparecen la necesidad de mejorar el poder adquisitivo, sostener las políticas sociales, administrar las cuentas públicas, responder a los problemas de seguridad y construir acuerdos legislativos.
También deberá gestionar las relaciones con un Congreso en el que conviven fuerzas políticas de orientaciones muy diferentes.
En el plano internacional, Brasil continuará desempeñando un papel estratégico en el Mercosur y en las relaciones entre América Latina y las principales potencias mundiales.
Para la Argentina, la continuidad de Lula adquiere especial importancia por el peso del comercio bilateral y por las diferencias políticas que mantiene con el presidente Javier Milei.
Una figura que atraviesa generaciones
La influencia política de Lula no puede explicarse únicamente por sus victorias electorales.
Su figura está asociada a buena parte de los acontecimientos que transformaron Brasil durante los últimos cincuenta años: la resistencia sindical a la dictadura, la recuperación democrática, la aparición de nuevos movimientos sociales, el ascenso de los gobiernos progresistas, las investigaciones por corrupción y la confrontación con el bolsonarismo.
A lo largo de ese recorrido, recibió apoyos multitudinarios y críticas profundas. Sus gobiernos dejaron políticas sociales de amplio alcance, pero también estuvieron atravesados por controversias y conflictos que forman parte de su legado.
Esa combinación de logros, contradicciones, derrotas y regresos ayuda a explicar la singularidad de su trayectoria.
A los 80 años, Lula volvió a ganar una elección presidencial y aseguró un cuarto mandato. Lo hizo en un país dividido y frente a una oposición que conserva un respaldo electoral considerable.
El antiguo obrero metalúrgico que comenzó su carrera enfrentando a una dictadura sigue ocupando, medio siglo después, el centro de la política brasileña.
Y esa permanencia, más allá de las adhesiones y los rechazos que genera, lo ubica entre los protagonistas fundamentales de la historia latinoamericana contemporánea.
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