Más de 25 mil personas pasaron por el Anfiteatro Municipal Pedro Carossi durante las dos jornadas de Baradero Rock, que volvió a reunir a distintas generaciones de fanáticos, bandas históricas, artistas emergentes y postales que ya forman parte de la identidad del festival.
Con entradas agotadas y una grilla que mezcló nombres consagrados con nuevas propuestas, la edición 2026 reafirmó el lugar de Baradero como una de las grandes capitales del rock argentino.
El festival tuvo tres escenarios en simultáneo —Pogo, Ritual y Del Parque— y un clima cambiante que terminó sumando épica. El viernes, el calor pesado dominó la tarde, pero la lluvia apareció de noche y obligó a adelantar algunos shows. Aun así, miles de personas se quedaron hasta el final para ver a La Delio Valdez y Kapanga tocar bajo el agua.
La primera jornada tuvo como grandes protagonistas a Eruca Sativa, La Vela Puerca, Las Pelotas y Guasones, que encabezaron una noche marcada por el pogo, los hits y las banderas.
Uno de los momentos más comentados llegó con Germán Daffunchio, líder de Las Pelotas, que antes de interpretar “Esperando el milagro” cuestionó el avance de la reforma de la Ley de Glaciares y pidió “recorrer el país” antes de aprobar cambios vinculados a la actividad minera.
La lluvia de la noche no frenó al público. Al contrario: terminó convirtiendo el cierre de Kapanga en una de las postales más celebradas de todo el festival, con miles de personas saltando bajo el aguacero en el escenario principal.
El sábado mostró otra cara. Con temperaturas más agradables y un predio más cómodo para recorrer, el público se repartió entre los distintos escenarios para ver a Marilina Bertoldi, Catupecu Machu, El Kuelgue, Babasónicos, Rata Blanca y El Mató a un Policía Motorizado, entre otros artistas.

La segunda jornada también dejó momentos emotivos, como el mensaje de Fernando Ruiz Díaz celebrando la presencia de chicos y familias en el festival, o la aparición del pañuelo verde de Marilina Bertoldi sobre el escenario.
En paralelo, el predio ofreció mucho más que música: stands gastronómicos, juegos, merchandising, espacios de descanso y personajes que se volvieron parte del paisaje festivalero, desde quienes ofrecían remedios para la resaca hasta los perros del barrio que merodeaban entre el público.
También hubo espacio para un homenaje a Mercedes Sosa, impulsado por la Compañía de Bombos Renacer de Baradero, que acompañó distintos intervalos con música y percusión.
El cierre definitivo quedó en manos de Peces Raros, que bajó el telón de una edición multitudinaria, marcada por el cruce de generaciones, el espíritu festivalero y la vigencia del rock argentino.
Después de dos días de pogo, lluvia, clásicos y reencuentros, Rock en Baradero volvió a demostrar por qué sigue siendo una cita obligada para miles de fanáticos de todo el país.
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