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Vivir navegando: de la Patagonia a Alaska, Groenlandia y una vida sin fronteras

micGustavo Eduardo Rubiotoday25 septiembre, 2026 4

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    Vivir navegando: de la Patagonia a Alaska, Groenlandia y una vida sin fronteras Gustavo Eduardo Rubio


Gustavo Eduardo Rubio dialogó con Miguel Ángel Rodríguez en “Novedades Náuticas”, por FM Sonar 97.9. Navegaciones entre icebergs en Groenlandia, miles de kilómetros por América a bordo de “Catalina” y una filosofía que atraviesa toda su historia: viajar a “velocidad humana”, aceptar la incertidumbre y animarse a intentar.

“Vivir navegando no es estrictamente andar arriba de un barco por arriba del agua”. Con esa definición, Gustavo Eduardo Rubio resume una forma de entender los viajes que trasciende ampliamente la navegación.

Rubio fue entrevistado por Miguel Ángel Rodríguez en Novedades Náuticas, por FM Sonar 97.9 de Santa Rosa, y durante la conversación reconstruyó algunas de las experiencias que marcaron una vida repartida entre viajes por agua y por tierra.

Desde hace 30 años vive en Nueva Palmira, Uruguay, sobre el río Uruguay. Allí se radicó junto a Sandra, su compañera desde hace 42 años, con quien formó una familia de cuatro hijos y comparte la pasión por viajar.

Pero detrás de las distancias recorridas aparece una idea que atraviesa toda la entrevista: viajar supone también aceptar que no todo puede estar bajo control.

“Vivir navegando es como una manera de pararse, de enfocar, de hacer las cosas con a lo mejor menos certezas, pero con más posibilidades de cosas muy intensas”, explicó.

Groenlandia: navegar entre hielos sin radar

Una de las experiencias más extremas relatadas por Rubio ocurrió en aguas del Ártico.

Junto a su familiar y Manuel Benzi navegó en un crucero de 75 pies que trasladaron desde las Islas Azores hasta Nuuk, capital de Groenlandia.

El viaje los llevó a navegar entre grandes masas de hielo y témpanos. En ese escenario tuvieron un problema especialmente delicado: el radar dejó de funcionar.

Sin esa herramienta, la vigilancia debió hacerse directamente desde la proa de la embarcación. Las guardias implicaban permanecer expuestos al frío para detectar hielos flotantes, algunos del tamaño de un automóvil, capaces de provocar serios daños en el casco.

La travesía también le permitió experimentar las particularidades del verano ártico. A medianoche todavía había luz solar y alrededor de las 2:30 de la madrugada comenzaba nuevamente a amanecer. Ballenas e icebergs monumentales completaban un paisaje completamente diferente al habitual.

Sin embargo, para Rubio, incluso una travesía de esa magnitud comienza mucho antes de subir a un barco.

“Para cruzar el Atlántico, ¿qué precisás? Querer cruzar el Atlántico. El barco es secundario”, sostuvo.

Y agregó: “La cuestión está más en la voluntad, en el deseo profundo de hacerlo, y no en una cuestión de plata ni de tiempo. Y desde la humildad de saber que no tenés los resortes de las cosas en tus manos”.

Catalina, la otra forma de navegar

La navegación de Rubio no termina cuando pisa tierra.

Buena parte de sus viajes por América fueron realizados en Catalina, una Asia Topic usada, una combi cuadrada que terminó convertida en compañera de ruta de toda la familia.

El nombre surgió como homenaje a la murga uruguaya Agarrate Catalina. Sandra realizó las ilustraciones con las que fue ploteado el vehículo y en los espejos colocaron cintas multicolores como representación de todas las banderas de América.

Con Catalina realizaron viajes familiares a Búzios, recorrieron la Patagonia argentina y emprendieron la ruta andina hacia Machu Picchu, atravesando Argentina, Chile, Perú y Bolivia.

Pero llegaría una aventura todavía mayor: un viaje de dos años desde Argentina hasta Alaska y regreso, atravesando 15 países.

Llegaron a Alaska en octubre y debieron enfrentar temperaturas extremadamente bajas sin calefacción en la camioneta.

Años después, en 2022 y ya con 60 años, Rubio volvió a poner kilómetros por delante para internarse en el Amazonas y recorrer miles de kilómetros por el interior de Brasil.

Viajar a “velocidad humana”

La manera de recorrer esos territorios resulta tan importante para Rubio como el destino.

“Iba en la camioneta despacio, a una velocidad humana. La ventanilla abajo, el bracito afuera, disfrutando del aire y del lugar, entendiendo y respirando el aire de cada lugar”, recordó.

La contracara de esa experiencia sería atravesar los territorios sin establecer contacto con ellos: “No ir metido en una cápsula 0 km con vidrio polarizado y aire acondicionado”.

Viajar lentamente permite detenerse, observar y encontrarse con las personas que aparecen en el camino.

Cuando el viaje depende de los demás

Las grandes travesías de Rubio y su familia tampoco estuvieron sostenidas por una estructura económica extraordinaria.

Parte de los recorridos se financiaron mediante la venta de joyería de acero quirúrgico. También entregaban stickers alegóricos a voluntad y recibían colaboraciones para combustible en estaciones de servicio.

A lo largo del camino aparecieron además cientos de personas dispuestas a colaborar.

Uno de esos momentos ocurrió cuando el motor de Catalina se fundió durante el recorrido entre Canadá y San Francisco. Otros navegantes aparecieron entonces para ayudarlos a reparar el vehículo y continuar.

Esas experiencias reforzaron una convicción que Rubio sintetiza de manera sencilla:

“Preferimos ser del equipo que intentó y le salió mal, que del equipo que no intentó”.

“Desfronterízate”

Hay una palabra que concentra buena parte de la filosofía que Rubio fue construyendo a lo largo de sus viajes: desfronterizarse.

“Desfronterízate es una propuesta… una cosa que uno verifica es que somos todos iguales”, explicó durante la entrevista.

La idea también quedó expresada en otra consigna que acompañó sus recorridos: “ninguna bandera, todos los colores”.

Para Rubio, atravesar fronteras físicas puede convertirse en una forma de derribar otras fronteras mucho más difíciles de reconocer.

“Creemos que está re bueno desfronterizarse y desfronterizar las propias cabezas para no tener un prejuicio por una cuestión tan tonta como lo geográfico”.

De Groenlandia a Alaska, del Amazonas a la Patagonia, de un velero rodeado de icebergs a una vieja combi recorriendo las rutas americanas, las historias de Gustavo Eduardo Rubio parecen regresar siempre al mismo punto.

Vivir navegando, aun cuando no haya agua alrededor.


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