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Moria: la mujer que convirtió su vida en espectáculo Flor Romero
En su columna de cine en “De Acá a la China”, Flor Romero analizó “Moria”, la serie argentina de Netflix que ficcionaliza la vida de Moria Casán. Con Sofía Gala Castiglione, Griselda Siciliani y Cecilia Roth interpretando diferentes etapas de su historia, la producción propone una mirada sobre la fama, los medios, la exposición y la construcción de una identidad pública.
Hay figuras del espectáculo que alcanzan la popularidad y otras que consiguen algo bastante más difícil: convertirse en parte de la cultura popular. Moria Casán pertenece a ese segundo grupo. Durante décadas transformó su nombre en una marca, un personaje y casi en una categoría propia dentro del espectáculo argentino.
Ese fenómeno es uno de los puntos centrales de “Moria”, la serie argentina de Netflix que ficcionaliza su vida y que fue abordada por Flor Romero en su columna de cine del programa “De Acá a la China”.
La producción toma una decisión particular para contar la historia: Moria no es interpretada por una única actriz. Sofía Gala Castiglione, Griselda Siciliani y Cecilia Roth encarnan diferentes momentos de su vida.
La elección permite presentar distintas versiones de una misma figura: la mujer que comienza a abrirse camino en el espectáculo, la vedette, la actriz, la conductora y finalmente la personalidad mediática que consiguió reinventarse una y otra vez.
La historia comienza antes de la diva, con Ana María Casanova, y recorre su ingreso al espectáculo, su transformación en vedette y su crecimiento dentro de una industria que durante décadas construyó una mirada muy particular sobre las mujeres y sus cuerpos.
Pero la serie abre una pregunta que va más allá de la biografía: ¿cuánto de Moria fue una construcción propia y cuánto una respuesta a aquello que los medios y el espectáculo esperaban de ella?
Moria apareció en una época en la que las mujeres del espectáculo eran observadas fundamentalmente a partir de su apariencia. Su particularidad fue tomar esa mirada y convertirla en una herramienta.
No solamente aceptó ser observada: aprendió a controlar esa mirada.
En lugar de construir una imagen perfecta o políticamente correcta, desarrolló un personaje atravesado por la provocación, el humor, la exageración, las frases polémicas y una personalidad dispuesta permanentemente a ocupar espacio.
Entendió muy temprano una de las reglas del espectáculo: no alcanza con aparecer. También hay que conseguir que el público hable, recuerde y tenga una opinión.
Uno de los aspectos que atraviesa la serie es precisamente la idea de Moria como personaje. No se trata únicamente de una mujer a la que le sucedieron acontecimientos públicos y privados, sino de alguien que aprendió a incorporar buena parte de lo que le ocurría a su propio espectáculo.
La producción juega incluso con la presencia de una Moria capaz de observar y controlar el relato de su propia historia, como si detrás de escena continuara decidiendo de qué manera quiere ser contada.
Y allí aparece inevitablemente la televisión.
Moria no podría explicarse de la misma manera sin los medios, pero una parte de la televisión argentina tampoco puede comprenderse sin personajes como ella.
Durante décadas, la pantalla tuvo una enorme capacidad para construir figuras populares: alguien podía pasar de la televisión al teatro, protagonizar una tapa de revista, generar una polémica y regresar al día siguiente a un estudio para hablar sobre esa misma polémica.
El escenario actual es diferente. Las audiencias se distribuyen entre televisión, streaming, redes sociales, TikTok y YouTube. Moria, en cambio, se construyó en un momento en el que la televisión podía hacer que una persona fuera reconocida prácticamente en todo el país.
La serie también busca salir de la imagen de la diva para mirar qué ocurre detrás de ella. En ese recorrido cobra importancia la relación con su hija, Sofía Gala.
Crecer siendo hija de una de las mujeres más famosas y expuestas de Argentina supone una relación particular con la fama. Mientras para Moria la cámara terminó convirtiéndose prácticamente en parte de su identidad, para su hija esa exposición significó convivir desde muy pequeña con una madre perteneciente simultáneamente al mundo privado y al público.
Surge entonces otra de las preguntas que atraviesan la historia: ¿qué sucede cuando el personaje alcanza una dimensión tan grande que comienza a invadir la vida personal?
¿Dónde termina Moria Casán y dónde comienza Ana María Casanova? ¿Sigue existiendo una separación clara entre ambas?
Moria también puede ser observada como parte de una determinada historia del entretenimiento argentino: la vedette, el teatro de revista, la televisión, los programas de espectáculos, las polémicas y la particular relación del público con las figuras mediáticas.
Atravesó cambios de época, formatos y generaciones sin desaparecer de la conversación.
Y quizás allí se encuentre una de las claves de su permanencia. Mucho antes de Instagram, TikTok o la cultura de los influencers, Moria ya había comprendido que la atención también es una forma de poder.
No necesitó ser querida por todos. La discusión, el rechazo y la polémica también podían alimentar al personaje y mantenerlo vigente.
Las herramientas cambiaron, pero parte de aquella lógica permanece: hoy una frase viral o una controversia en redes puede cumplir una función similar a la que durante décadas tuvieron la televisión y las revistas.
Por eso, “Moria” puede leerse como algo más que una serie sobre una celebridad. Es también una historia acerca de la construcción de una identidad pública, el poder de los medios, la mirada sobre las mujeres y la capacidad de transformar la propia vida en espectáculo.
Incluso quienes nunca hayan visto una obra teatral o un programa completo protagonizado por Casán probablemente reconozcan alguna de sus frases, gestos, polémicas o su particular manera de hablar.
Logró algo reservado para muy pocas figuras: que alcance con decir “Moria” para saber de quién se está hablando.
Y allí queda planteada la pregunta que atraviesa la mirada de Flor Romero sobre la serie: después de tantas décadas de exposición, ¿Moria creó al personaje o el personaje terminó creando a Moria?
Probablemente, a esta altura, ya sea imposible separar completamente a Ana María Casanova de Moria Casán.