Hay artistas que pintan para mostrar la belleza del mundo. Otros pintan para incomodarnos, para obligarnos a mirar aquello que preferiríamos no ver. Y hay artistas cuya obra se convierte en una forma de resistencia: una manera de enfrentarse al poder, de denunciar la violencia y de impedir que el horror termine sepultado bajo el silencio.
En la columna de hoy Samanta Irurueta nos acerca a la vida y obra de Carlos Alonso, militante de la justicia y los derechos humanos, activista creativo y activo, uno de los artistas plásticos más influyentes de nuestra época.